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A MI MADRE

Posted in Recuerdos on abril 6, 2008 by epidemiologia

Estas líneas quiero dedicárselas a mi madre, que falleció el pasado 23 de Febrero de 2008, tras una larga y lenta agonía. Pero no, estas líneas no van a ser tristes y llorosas sino un pequeño homenaje, un recuerdo póstumo, que durará siempre, a una vida llena de luz y entrega.

A los pocos días del fallecimiento de mi madre, maestra de profesión y afición, José Antonio Hernández Guerrero le dedicó unas líneas en un periódico de Cádiz, su ciudad de adopción, ya que ella venía de una fría ciudad del norte: Burgos. José Antonio describe en su nota algunos aspectos de su personalidad que comparto plenamente:

“…mujer buena, activa y vitalista………un ser humano que nos ha dictado provechosas lecciones, no solo con sus enseñanzas en la escuela, sino también –y sobre todo- con sus actitudes amables, con sus gestos nobles y con su generosa conducta………En nuestra opinión, la virtud más valiosa de doña Conchita, -amante de la vida, de la familia, de la amistad y de la enseñanza- era la permanente atención que prestaba a cada uno de sus alumnos y el interés que manifestaba por sus vidas dentro y fuera de la Escuela. Su modestia, su paciencia y su abnegación han sido unos valores que ha contagiado a todos los que la trataba…..Apacible y revestida de una elegante constancia y de una paciente discreción, en ocasiones, desbordaba una contagiosa simpatía y su exuberante capacidad de comunicación……varios de sus alumnos y conocidos…Todos me han repetido el unísono una frase que parecía calcada: “Qué gran suerte haber tenido el privilegio de tratar a esta mujer”…..”

Si yo tuviera que definirla con pocas palabras diría que era sencilla, soberbia (en el sentido más positivo de la palabra) y tenaz, y a partir de esas tres características se podría desplegar toda su personalidad. Su sencillez, su aparente humildad, no ocultaba su talento para hacer todo aquello que se propusiese y es que, a su inteligencia excepcional, se le unía una capacidad de trabajo, de actuar -dirigida especialmente hacia los demás-, fuera de lo común.

Maestra de devoción, sus alumnos eran su vida, su sentido de la vida…y su familia, claro, pero mi madre no tenía miras tan estrechas, a partir de su familia proyectaba su interés hacia los demás…..a nosotros, sus hijos, nos educó en ese sentido poco mezquino o egoísta tan en boga en nuestra sociedad. A mi madre, por encima de todo, le gustaba aprender y enseñar porque sabía que el mejor aprendizaje era enseñando, que enseñando aprendía y aprendiendo enseñaba…era su pasión, su autentica pasión: la emoción del conocimiento, la emoción aún mayor de transmitirlo. Tal era su afición que cuando la jubilaron con 65 años pasó, yo creo, una de las peores crisis de su vida. A sus 65 años mi madre era una mujer en su plenitud física y mental, pero las leyes “la dijeron” que no podía seguir practicando lo que más le gustaba. Pero ella nunca se amilanó ante las adversidades, su tenacidad hizo que siguiera enseñando, a sus nietos, a hijos y nietos de conocidos que iban a su casa a recibir clases particulares…y seguía aprendiendo, con sus ojos de niña, de todo lo que le rodeada, las matemáticas, la historia, la lengua, …¡todo le gustaba!, siempre andaba por museos, monumentos, bibliotecas…ayudando a sus nietos en trabajos de investigación por los que éstos recibieron premios con viajes fantásticos al nuevo mundo, ¡entonces rondaba los 80 años¡…hasta que graves enfermedades pararon su actividad siempre frenética y poquito a poco nos fue diciendo adiós…

Gracias mamá, porque tú has sido un auténtico ejemplo de valentía, lucha, entrega a los demás y humildad.

Tu hija Chiqui