LA FELICIDAD QUE DA LA INDEPENDENCIA

Romper con el “status quo”, con la normatividad que nos ofrece este sistema capitalista, no solo es romper y luchar contra él. Es luchar y vencer la subjetividad que tod@s llevamos dentro: de ser lo “políticamente correcto”; esto es, personas acomodaticias y que siguen el patrón establecido de perpetuidad tradicional, en el sentido más negativo de la palabra. Acabo de leer sobre la importancia de la radicalidad y de la independencia ante este sistema que nos oprime. Y de la dificultad de llevarla a cabo realmente, precisamente porque dicho sistema nos seduce en esa comodidad no solo económica, sino también visual de no romper ante el abismo que se nos presenta.

Entiendo que ser independiente como pueblo tiene como premisa fundamental ser independientes como personas; si no se es capaz de esto último, lo primero resulta imposible. Es verdad que hay que utilizar la dialéctica y ambos aspectos hay que trabajarlos de forma más o menos paralela, al unísono aunque el ritmo o la intensidad sea desigual…pero ambos aspectos son imprescindibles tenerlos en cuenta. ¿Cómo puede ser creíble una  persona que aboga por la independencia de un estado opresor si no es capaz de independizarse de la opresión de su entorno más cercano? Lo cual nos lleva a otro tema peliagudo y que requiere de otra reflexión más profunda, ¿realmente queremos ser independientes? ¿realmente queremos liberarnos?….

De momento para que quien honesta y valientemente quiera, sería imprescindible trabajar la independencia en ambos aspectos esenciales, porque en ese proceso se haya nuestra felicidad, individual y colectiva; que igualmente debe estar interrelacionados. Ser capaz de vivir en el filo de la navaja, en una cara de la moneda, es poder darle la vuelta y ser capaz de vivirlo en la otra, rodando como una bicicleta bien engrasada por el uso. Tanto en las pendientes hacia arriba como hacia abajo, pero en un equilibrio global de saber hacia donde queremos ir, con esfuerzo, pero con sentido.

El uso de la libertad, el bien más preciado que tiene el ser humano, una libertad libre -valga la redundancia- que te da una felicidad de una cualidad diferente, porque te enfrenta, te permite, la relación de tantas y tantas personas (más de las que nos pensamos), que como tu, se intentan liberar de las cadenas personales y sociales que este sistema intenta imponernos. Cadenas objetivas y subjetivas bien difíciles de romper, pero cuando se tiene el valor y el coraje de mirar al abismo y moverte en el, y cuando te sabes acompañado de l@s que tienen también ese coraje (sean much@s o poc@s), la sensación y la fuerza que provoca, resulta libidinosa. Y, sobre todo, nos hace casi invencibles.

Como pueblo,

Como personas,

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