EPIDEMIA DE ÉBOLA: CAUSAS Y CONSECUENCIAS

INTRODUCCIÓN

Aunque en la actualidad el concepto de epidemias se ha ampliado enormemente, todavía su nombre se asocia en la memoria colectiva a enfermedad contagiosa que afecta a gran cantidad de personas y mueren por ella. Pero el concepto de epidemia, referido a un tiempo y área geográfica determinada, abarca a cualquier enfermedad o problema de salud cuando aparece en un número superior al esperado para ese tiempo y lugar. El exceso de casos de cáncer, violencia de género o accidentes de tráfico son, por ello, consideradas epidemias. Sin embargo en este escrito nos centraremos en las epidemias por enfermedades infecciosas (o transmisibles) y más específicamente a la actual enfermedad por el virus del Ébola (EVE).

Es una realidad que las epidemias por enfermedades transmisibles ha descendido a nivel mundial respecto a épocas anteriores, pero también que las desigualdades en su incidencia según en el sitio donde nos encontremos son enormes. Además, es otro hecho a destacar la aparición frecuente de nuevas cepas y gérmenes -las llamadas infecciones emergentes-, si bien en las últimas décadas los medios de detección y tipificación de microorganismos son mucho más sensibles y específicos. Así podemos destacar infecciones emergentes como la Legionelosis1 (EE.UU, 1976); el grupo de las fiebres hemorrágicas por virus como el Ébola (Sudán y Zaire -actual República Democrática del Congo, 1976); el Sida-VIH2 (EE.UU, 1981); la infección por E-coli (EE.UU, 1982); la variante de la Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (vECJ) o Encefalopatía espongiforme humana-EEH3 (Gran Bretaña, 1995); la Gripe aviaria4 (Hong Kong, 1997); la nueva gripe A5 (México, 2009), la nueva cepa de E-Coli6 (Alemania, 2011) y ahora una reagudización del virus Ébola (especie Zaire).
Las epidemias por enfermedades infecciosas ha sido una constante en la historia de la humanidad, surgieron, surgen y surgirán por motivos universales, aunque sus orígenes adquieren una importancia cualitativamente mayor tras la revolución neolítica debido al asentamiento de las poblaciones humanas, su mayor concentración y la convivencia con animales y cultivos; estos hechos cambian los nichos ecológicos que hacen emerger zoonosis7 y epidemias varias en humanos.

El análisis de una epidemia en humanos, sea cual sea, requiere de considerar todos los contextos internos y externos del problema partiendo de la cadena epidemiológica: Germen (Reservorio y fuente de infección), huésped susceptible y mecanismos de transmisión. Así el germen (o microorganismo patógeno) es producto de una evolución y cambios en sus diferentes nichos ecológicos que los seres humanos han contribuido de forma activa; el huésped susceptible, el ser humano, igualmente como ser vivo inserto en la naturaleza y sus propias transformaciones ha evolucionado y se ha adaptado a todo tipo de agresiones incluidas la de los microorganismo patógenos. Y los mecanismos de transmisión, el medio a través del cual se facilita el contacto del agente infeccioso con nuestro organismo. Puede ser directo: Aéreo, contacto cutáneo o por fluidos; o puede ser indirecto, cuando hay una separación en el tiempo y en el espacio entre la fuente de infección (el origen a partir del cual se transmite la infección, o desde donde pasa el agente etiológico) y el sujeto susceptible. Puede producirse por esputos secos de bacilos, suelos contaminados por esporas o a través del agua o los alimentos. Conocer bien y lo más rápido posible estos tres eslabones de la cadena epidemiológica y los contextos más o menos cercanos en donde se producen nos ayudan a comprender y actuar más eficazmente sobre una epidemia, evitar su expansión y procurar su control.

ANTECEDENTES DE LA INFECCIÓN POR EL VIRUS DEL ÉBOLA

La aparición del virus del Ébola detectado en humanos es relativamente reciente y, por ello, considerado una infección emergente. Es un virus del género Ebolavirus miembro de la familia Filoviridae (filovirus), y se han reconocido 3 subtipos originados en África (Côte d`Ivoire, Sudán y Zaire) y el subtipo Reston con origen en Filipinas que ha provocado pocos casos en humanos. El primer brote notificado fue en el año 1976 en Sudán y en Zaire (actual República Democrática de Congo- RDC). Las tasas de letalidad de estos dos brotes casi simultáneos fue de 55% y 90% respectivamente. Se presentó un segundo brote en la misma zona de Sudán en 1979. En 1994 se aisló un nuevo subtipo, al parecer por la disección de un chimpancé infectado en Côte d`Ivoire. Posteriormente se han notificado más brotes importantes por su número y letalidad en RDC, en Gabón y en el norte de Uganda en los años 90 y comienzos del 2000. Señalar que en el año 2004 se notificaron dos infecciones de laboratorio en EE.UU y en la Federación Rusa. El mecanismo de transmisión de estos brotes ha sido directo, de persona a persona, por contacto con sangre, secreciones, órganos o semen infectados. El riesgo es máximo en las etapas tardías de la enfermedad, cuando el enfermo vomita, tiene diarrea o sangra. Y durante los funerales, cuando personas sin protección amortajan a los cadáveres. No se ha comprobado transmisión aérea. La infecciones nosocomiales han sido frecuentes por el uso de agujas contaminadas8.

CARACTERÍSTICAS DE LA EPIDEMIA ACTUAL

En la epidemia actual que comienza en Guinea, y continua en las vecinas Liberia y Sierra Leona, los resultados del estudio de secuenciación han mostrado una homología del 98% con el virus Ébola Zaire, especie asociada a brotes con una elevada tasa de letalidad. El periodo de incubación de la enfermedad del virus del Ébola (EVE) como en los anteriores brotes es de 2 a 21 días. Es una enfermedad hemorrágica febril que comienza de forma brusca con fiebre, dolor muscular, debilidad, dolor de cabeza y odinofagia. Evoluciona con vómitos, diarrea, fallo renal y hepático, exantema máculo papular al 4º o 5º día y síntomas hemorrágicos que pueden ser en forma de hemorragias masivas internas y externas. En el estadio final, los pacientes desarrollan un fallo multiorgánico que progresa hacia la muerte o la recuperación a partir de la segunda semana de evolución. La tasa de letalidad es del 50-90%. No existe ninguna opción profiláctica (vacuna) o terapéutica disponible. En la actualidad se conoce que la transmisión se produce mediante: Contacto directo con sangre, secreciones u otros fluidos corporales, tejidos u órganos de personas vivas o muertas infectadas. Contacto directo con objetos que se han contaminado con fluidos corporales de los pacientes9. Transmisión por contacto sexual: puede darse hasta 7 semanas después de la recuperación clínica. Heridas percutáneas con muestras contaminadas. Además, la transmisión a los humanos también puede ocurrir por el contacto con animales vivos o muertos infectados, generalmente murciélagos, roedores o primates. Contacto con su sangre, fluidos corporales o su cadáver o con carne de caza no cocinada. El inicio de la transmisibilidad está relacionado con la viremia y con la aparición de los primeros síntomas. Los pacientes asintomáticos no transmiten la infección. La transmisibilidad se incrementa a medida que evoluciona la enfermedad10.

El diagnostico precoz o detección de la enfermedad es vital basado en criterios clínicos, de laboratorio y epidemiológico (contacto con un caso confirmado o investigado y/o estancia en áreas donde se ha producido la transmisión por EVE). En el estado español ante la sospecha clínica y epidemiológica se recomienda descartar paludismo ya que la mitad de los casos en investigación (con criterios clínico y epidemiológico) han tenido un diagnóstico de paludismo. La viremia puede tardar hasta 3 días desde el inicio de los síntomas en ser detectable. Por ello, en caso de antecedente de una exposición de riesgo y si la primera muestra se tomó antes de estos tres días y fue negativa, se recomienda enviar una segunda muestra. Las medidas de protección para el manejo de los casos están detalladas y protocolizadas11. Así como las actuaciones a realizar ante los contactos12, las medidas en el medio ambiente cercano al paciente13 o el manejo de los cadáveres.

ORÍGENES Y ANÁLISIS DE LA EPIDEMIA

Para comprender y conocer el origen de esta epidemia, como de cualquier otra, debemos partir del análisis de los eslabones de la cadena epidemiológica, su relación entre si y en sus contextos más amplios. Sabemos que el reservorio es animal, varias especies de murciélagos frugívoros, que se encuentran en determinados hábitats del África occidental (en selvas y zonas boscosas) y que ha podido saltar entre especies, y transmitirse a los seres humanos. Las causas de esa transmisión pueden ser múltiples y en muchas ocasiones no se conoce con detalle. Desde situaciones “naturales” de consumo de animales contaminados, contactos estrechos y continuados en el tiempo con los reservorios, hasta la posible manipulación humana con fines comerciales o militares. Sí conocemos los mecanismos de transmisión entre humanos, como acabamos de detallar; el microorganismo responsable y su capacidad virulenta. Y también las variables que influyen en la mayor o menor resistencia del huésped a la infección, como la edad, enfermedades concomitantes, o las características sociales y económicas.

Una vez la propagación del germen se ha realizado entre humanos, la importancia de esta epidemia depende de la agresividad del virus, su capacidad virulenta y potencialmente letal; de la capacidad de defensa del huésped, su inmunidad que le hace más o menos resistente a la infección y a la mayor o menor facilidad en el mecanismo de transmisión, que provocaría una mayor o menor capacidad de propagación entre las personas. Sabiendo todo esto y una vez que ha comenzado el brote epidémico, las medidas fundamentales y urgentes, cuando se constata que la gravedad y propagación de la infección es alta, es cortar los mecanismos de transmisión y reforzar la inmunidad de la población. La mejor forma de parar la transmisión de nuevos casos requiere la detección y diagnóstico precoz de personas afectadas y su curación precoz. Curar al máximo número de personas enfermas y vigilar los contactos posibles para tratarlas cuanto antes son medidas esenciales para que, no solo las personas no mueran ni sufran por la enfermedad, sino también para parar la onda expansiva de nuevos casos que crecerían de forma exponencial. Pero atender y curar a las personas afectadas, en un contexto donde no existen tratamientos que se haya comprobado su eficacia, requiere una atención sanitaria con un buen soporte vital de los síntomas más graves para evitar que se agrave la enfermedad y la posible defunción. También disponer de recursos y organización para el aislamiento de los cuidadores y sanitarios (también enterradores), mediante el uso de batas, guantes, mascarilla, gafas, etcs y la correcta eliminación de fómites, material desechable, colchones y otros fluidos del paciente potencialmente contaminante. Además del tratamiento de los cadáveres y su enterramiento.

Sin embargo todas estas intervenciones imprescindibles se hacen muy difíciles en el foco de la epidemia. Es necesario recordar que Sierra Leona, Liberia y Guinea pertenecen a la lista de los países más pobres del mundo. Liberia, ex colonia de EEUU, es el tercer exportador mundial de hierro, Sierra Leona, colonia del Reino Unido hasta 1961, es uno de los principales exportadores de diamantes a nivel mundial (el 46% de sus ingresos) y Guinea, ex colonia de Francia, posee el 25 por ciento de las reservas mundiales de bauxita, además de ser un país muy rico en diamantes, oro y aluminio. Sin embargo, toda esta riqueza es controlada por las corporaciones estadounidenses, británicas y francesas que se apropian de la mayor parte de su valor y no revierte en su población. La dependencia de sus tierras y recursos desde su época colonial y hasta la actualidad han provocado un grave estado de pobreza en un país rico. De tal forma que no se cubre las necesidades más elementales de una adecuada alimentación, vivienda, saneamiento del medio y servicios públicos como educación o sanidad. La atención médica y el sistema de prevención en Liberia, por ejemplo, no existen prácticamente. Hay solamente 50 médicos nacionales y 12 extranjeros para cuatro millones de habitantes15. Con unos indicadores sanitarios alarmantes: una mortalidad infantil de 120 por cada mil nacidos vivos (en el Estado español es de 4*1000), una esperanza de vida de tan solo 58 años, y una grave escasez de recursos sanitarios humanos y materiales16. Por eso los fallecidos por el virus (1.500 casos), son sólo una mínima parte de las muertes totales, y a todo esto se une el miedo lógico a contraer la enfermedad. La población está evitando ir a los centros sanitarios por miedo al contagio y los profesionales sanitarios no acuden a sus puestos de trabajo. Se estima que el porcentaje de partos asistidos ha descendido del ya de por sí bajo 50 % a un 38% desde el inicio de la crisis. Esto ha supuesto como era de esperar, un aumento en la mortalidad materno-infantil. Y es que en este corto periodo de tiempo 382 profesionales de la salud han sido contagiados (69 en Guinea; 188 en Liberia y 114 en Sierra Leona), con 216 fallecidos.

Explicar con algún detalle el estado en que se encuentran estos países empobrecidos por sus antiguas metrópolis coloniales es conocer las causas de su pobreza y de sus problemas de salud. La colonización y la neocolonización no solo ha provocado una mayor pobreza y desestructuración social y económica, sino ha introducido elementos “modernizadores”, como medios de comunicación o ferrocarriles o cambios “culturales” (comercio sexual) que empeoran aún más la situación de transmisión de enfermedades infecciosas como ya ocurriera con el Sida. Ante esta indefensión de los países afectados y ante una emergencias sanitaria de tal magnitud, las organizaciones internacionales de salud, y por nombrar la más conocida y la que se arroga la autoridad mundial en estos temas, la Organización Mundial de la Salud (OMS), son los máximos responsables de llevarlas a cabo en coordinación con los gobiernos de los países afectados. Pero ¿Qué se ha hecho cuando se detectaron los primeros casos?, ¿Cómo se han coordinado las intervenciones de todas las partes afectadas con las organizaciones sanitarias internacionales?. La presidenta de Médicos sin Fronteras, hizo hasta tres llamamientos a la comunidad internacional, desde que comenzaron sus intervenciones y el único país que parece haber reaccionado ha sido Cuba enviando un primer destacamento de 165 sanitarios y con material sanitario para desarrollar su trabajo y preparando otro más. Resulta paradójico que frente a la lenta respuesta internacional, la industria farmacéutica no se ha hecho esperar, la OMS concede prioridad a la evaluación acelerada de las vacunas y visto bueno a la experimentación en fase humana de dos vacunas. Es ahora que parece que la epidemia está descontrolada, y que puede afectar a países occidentales, cuando se ha convertido en un “objetivo” de la industria. Sin embargo, teniendo en cuenta el precio considerado para las vacunas, sueros y test rápidos, los países africanos afectados poco podrán optar a estos recursos. Mientras no nos contesten, con el detalle que se merece la gravedad de los acontecimientos, a estas esenciales preguntas no tenemos más remedio que dudar de que dichas medidas urgentes y necesarias se llevaran a cabo. La epidemia se declaró, al menos oficialmente a través de los medios de comunicación, en febrero de 2014, hace el inaceptable tiempo de casi 6 meses, ya que la alerta internacional fue declarada por la OMS el 7 de Agosto de ese año.

Por tanto, analizar los contextos internos que afectan a la epidemia, la cadena epidemiológica, implica tener en cuenta que dicha cadena epidemiológica siempre está en íntima relación con otros contextos más amplios que en el momento político actual cobran suma importancia en el análisis. Lo primero una crisis del sistema capitalista que quiere -y no puede- salir del atolladero para seguir con el control de recursos esenciales como el energético, así como de materias primas básicas para la alimentación y producción industrial, entre otros. Un control que consigue o intenta conseguir mediante el sometimiento de los países y zonas geoestratégicas a través de la violencia visible o invisible (descarada o hipócrita) necesaria. Lo segundo, una crisis de credibilidad en aspectos fundamentales como la coherencia en sus declaraciones y acciones, el conocimiento científico o la ética de cara a las poblaciones a nivel mundial. Y la epidemia de Ébola es una muestra más de esta grave crisis mundial.

La realidad es que estos los gobiernos más reaccionarios del mundo (EE.UU., Israel o países de la Unión Europea), están sufriendo no solo derrotas militares y políticas sino una falta de credibilidad que es esencial para su subsistencia. Solo cuando la epidemia hace peligrar los intereses y personal de estos países, como poco, aparecen nuevos medicamentos y vacunas que rápidamente se están investigando para atajar el problema en sus blindados territorios y, por supuesto, para sacar suculentos beneficios económicos de la epidemia. No debemos olvidar la “pandemia” de la gripe porcina, el nuevos virus que se originó en una multinacional porcina estadounidense afincada en México, que fue la que originó la nueva cepa del virus gripal y que fue aprovechado para que un antiviral (Tamiflu) fuera publicitado para su administración masiva con pocos efectos beneficiosos para la salud y grandes beneficios para los intereses económicos.

Pero lo más despiadado de todo es la reacción de EEUU, Gran Bretaña y Francia que frente a la tragedia actual en sus respectivas ex colonias lo que hacen es mandar militares y no el personal especializado en el tratamiento del virus. EEUU: 4.300 soldados a Liberia, Francia está preparando unos 400 militares para Guinea y Gran Bretaña está a punto de mandar 750 tropas a Sierra Leona para “enfrentar al Ébola”. Ya comentábamos antes que las causas raíces de esta, como de otras epidemias, no son totalmente conocidas y no se debería descartar ninguna hipótesis. Por ejemplo, en los años 70 los especialistas norteamericanos en guerra biológica del Instituto de Investigación Médica de las Enfermedades Contagiosas perteneciente al Departamento de Defensa (USAMRID) crearon en 1976 un laboratorio de armas biológicas en Kenema, Sierra Leona. Y desde hace tiempo están tratando de encontrar una vacuna contra el Ébola. E incluso la publicación Global Research, habla que en el Hospital de Kenema algo se escapó del control de los especialistas del USAMRID dando inicio a la propagación del Ébola. Es de conocimiento público que los laboratorios biológicos militares están diseñados paras encontrar armas biológicas letales para el uso en las guerras. El semanario estadounidense ‘Army Times’ informó el 1 de agosto de este año 2014, que el Pentágono estaba interesado en el Ébola desde 1976 debido al alto índice de mortalidad que producen los virus de esta familia. “Desde este punto de vista su uso en forma estable de aerosol hace que el virus del Ébola muy atractivo como un arma potencial biológica”17.

CONCLUSIONES

En cualquier caso el análisis en relación con esta como de otras epidemias emergentes es aplicar el conocimiento que se tiene con el máximo rigor y detalle posible. Conociendo y actuando a todos los niveles, desde los más concretos relacionados con la cadena epidemiológica como los más amplios, sociales y económicos y en su proceso histórico. En esta epidemia es imprescindible analizar los procesos colonizadores y neocolonizadores para entender la situación de pobreza y grave desestructuración social en que han dejado los país imperialistas a muchos países africanos. Sabiendo esto se entiende el interés únicamente militar y comercial en la zona. Solo cuando la epidemia se expande demasiado descontroladamente es cuando se toman medidas puntuales para “atajar” la epidemia y otras para seguir con el control de la región. Cuba un pequeño país asfixiado por el bloqueo estadounidense es el único que muestra la ética de las clases populares, cuando un pueblo ayuda a otro pueblo que sufren a muchos kilómetros de distancia. Denunciar la situación global implica simultáneamente reivindicar las intervenciones más urgentes y responsabilizar a las organizaciones sanitarias internacionales sobre la existencia, o ausencia, de una eficaz y rápida respuesta a la situación. Y todas las medidas deben ser tomadas, incluidas la investigación de medicamentos y vacunas adecuadas, pero en un contexto que priorice la salud y cuidados a las poblaciones afectadas. Nos viene a la memoria un escrito titulado, «la verdad es siempre revolucionaria», célebre frase que popularizó el excepcional comunista italiano Antonio Gramsci. Porque la verdad, o mejor, la búsqueda de la verdad hasta sus últimas consecuencias es el mejor acto de honestidad que podemos practicar en cualquiera aspecto de nuestras vidas. Y el del conocimiento es, y no poco importante, uno de ellos. Porque llegar a la raíz del problema es analizar sin miedo todas las contradicciones que se mueven en su interior y todos los factores externos que continuamente los influyen para bien y para mal. Analizar sin miedo y actuar sobre todas las causas, con celeridad y sin cortapisas. Eso es lo que debemos hacer en asuntos como la epidemia que estamos comentando y otras que puedan surgir en el futuro.

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