Cáncer y Sistema Inmune

Cada vez más investigaciones relaciona el funcionamiento del sistema Inmune con la aparición de células cancerígenas. Un estudio relativamente reciente, liderado por una investigadora del Instituto de Salud Carlos III, aporta información valiosa sobre como funciona el sistema inmune en ausencia de un gen que suprime la aparición del tumor. En concreto, el gen tumorsupresor ARF que se revela importante cuando la respuesta inflamatoria es la adecuada.

Los macrófagos son células esenciales en la acción inmunitaria, que responde a citocinas y productos microbianos en una doble activación: 1) M1: La clásica y más conocida, liberando gran cantidad de mediadores inflamatorios y citocinas para atacar la célula del microorganismo patógeno (actividad citotóxica) pero también contra las células tumorales y otra 2) M2: Mucho menos conocida donde estos macrófagos ejercen funciones protumorales porque reparan el daño celular (promoviendo la remodelación de la matriz) y suprimen la respuesta inmune disminuyendo las funciones M1.

Esta última función es primordial para reparar los tejidos y la resolución de procesos inflamatorios que producen gran destrucción celular, pero para la formación de tumores es enormemente perjudicial (promueve la pervivencia de células tumorales que de lo contrario se matan a si misma para evitar el cáncer, la llamada apoptosis).

Los genes supresores de tumores no solo actúan en el contexto tumoral sino que es más amplio, actuando como sensores frente a diferentes tipos de estrés. Es el caso del gen arriba comentado ARF que supone una defensa antioncogénica en los seres humanos y otros mamíferos, hallándose en la mitad de los tumores humanos. Además, este estudio muestra su participación en la regulación del sistema inmune, hecho desconocido, disminuyendo determinadas citocinas inflamatorias y otros mediadores (como el oxido nítrico y las prostaglandinas, marcadores de los macrófagos M1). Sin embargo, la misma investigación reconoce que la relación entre los genes supresores de tumores y la inmunidad es todavía muy desconocida pero contribuye a abrir otra puerta a mejorar el entendimiento de la relación entre el cáncer y el sistema inmune.

J Immunol 2011; 187 (12):6.527-38.

El mismo grupo de investigación liderado por la misma investigadora (Sonsoles Hortelano) han obtenido una molécula, la hispanolona (un aplauso por poner nombres castellanos a los hallazgos científicos inundados de nombres anglosajones aún cuando los descubrimientos se realizan por mujeres y hombres de muy diferente procedencia geográfica). La hispanolona se ha obtenido de plantas silvestres habituales en la flora madrileña, con propiedades antitumorales. Su acción consiste en inducir la apoptosis celular en diferentes lineas celulares de tumores a través de unas vías de señalización en las membranas de las células. Las plantas investigadas pertenecen a la familia Labiatae (labiadas como el orégano, la menta y el tomillo) y dentro de esta familia la Ballota hispánica –el manrubio rojo- y la Galeopsis angustifolia Hoffm, ambas frecuentes en la flora silvestre de la península ibérica.

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