REGALO DE CUMPLEAÑOS

MI SURCO

Primero fui tierra, masa sanguinolenta.
Humus de tu sangre,
mineral de tu leche.
Y como tierra seca, fui débil.
Pasto de huracanes y escorrentías,
frágil sin la humedad.

Luego fui barro, limo huidizo.
Y como barro, fui masa amorfa moldeable,
potencia en potencia.
No solo me diste sangre y leche,
me distes agua, en forma de vida.
Vida arrancada de proyectos personales,
de luchas, de militancia, de sufrimiento,
vida que se escapaba a raudales en cada decisión
tomada
meditada,
en cada reflexión.
Y la elección de dar otra vida,
se convirtió en una apuesta de futuro
por la forja de un mundo nuevo,
por la reproducción de las semillas,
esperando germinar en suelos más fértiles,
o, simplemente, en otros suelos.

El calor llegó. Y mis entrañas germinaron.
Fui explosión de semilla huyendo hacia el cielo.
¿Como no ibas a saber tú que la primavera
sucedería los meses de lluvias y frío?
Era inevitable que sobre una tierra lista para la fecundación,
regada con sensibilidad, amor y paciencia,
sembrada con la rebeldía de los viejos tiempos,
cayera la energía del sol,
la calidez de la luz,
y estremeciera mis entrañas.
Y crecí planta. Pero la planta
ya no vive protegida
por el manto terrestre,
y debe seguir subiendo,
sin ayudas

Y fui persona,
cualitativamente diferente a todo lo anterior,
pero intrínsecamente unido a todo ello,
genéticamente encadenado,
materialmente unido.
Y no debo olvidar lo que soy,
ni de donde vengo,
ni a quien debo lo que soy.
Y extiendo mis ramas, mis hojas
y flores ¿serán frutos?
Y me enfrento a los elementos,
me valgo de la energía del sol para combatirlos,
de la suntuosidad del agua para dar vida,
emociones, sentimientos, sentido de la existencia.
Y reproduzco lo que aprendo al ver mi historia.
Y soy consciente de lo que he necesitado para vivir:
tu amor por la vida más allá
de una existencia volcada a la aridez
de la militancia y la política,
que permitió convertirme en tierra, semilla y agua
para germinar.
Tu rebeldía. Tu amor por la utopía y el cambio,
por combatir las injusticias y desigualdades,
que me dieron el calor que luego multiplico,
como mil espejos,
en cada rayo reflejado en mis hojas y tallos.
En definitiva, TÚ que soy YO.
Y es por eso que mi vida es tuya -y de Ernesto-,
es por eso que la vida no es algo individual,
que acaba con la muerte.
Es por eso que nuestras vidas se entretejen,
de forma incomprensible,
impotentes ante el temor a la muerte,
inabarcable el vacío de la existencia infinita.
Porque mi vida, que yo construyo, fue arcilla fresca que tu amasaste,
-cuando yo no era ni el frescor de la sombra de lo que soy-
ofreciéndote la posibilidad de, en mí, vivir mil vidas más.
Porque tú fuiste quien forjaste el mundo
sobre el que yo golpearé nuevamente,
con más fuerza,
pacientemente,
con mil ojos,
con mil manos,
escondido o
con el rizado pecho afrontando el peligro.
No solo me diste el martillo
-el calor, la humedad, mis sentimientos y pasiones-
y mi materialidad -la tierra, el humus, los genes-,
sino que dejaste marcado el surco a seguir.

Y estamos condenados a andar sobre caminos
ya marcados,
esbozados de antemano,
condenadas a abrir nuevos
bajo pasiones transmitidas secretamente
-ya gritadas con el corazón galopando feroz-,
ya susurradas bajo el pesado y negro acero-
en corajes,
ideales,
utopías.
Lo importante es no olvidar que nunca podríamos hacer tal cosa solas.
Lo importante es no olvidar que lo que soy es gracias a ti.

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