Escudriñando en los conflictos personales

Hoy tengo la necesidad de analizar y tratar de sistematizar, con la mayor objetividad que me permiten mis subjetividades, contradicciones y sentimientos, el cómo y porqué surgen algunos conflictos en una relación personal -sea esta sentimental, de amistad o de cualquier otro tipo-, pero pensando concretamente en uno que me afecta profundamente. Por eso mi necesidad de analizarlo, de escudriñarlo de todas las formas posibles.

Antes que nada pienso que es importante el contexto, las circunstancias generales, y no tan generales, donde se sitúa la relación que es objeto de mi reflexión, que la podríamos llamar, por ejemplo, “garaigorria”. Es una pura realidad innegable, doy fe de ello, que esa relación afectiva se mueve en un contexto muy difícil por la enorme distancia que existe entre sus dos protagonistas; por sus múltiples tareas, más por una parte que por la otra; y por las circunstancias adversas de sus respectivas familias que se están viendo afectadas y alteradas. Precisamente por todos esos condicionantes, sus encuentros son cortos e intensos. Intensos en todos los sentidos, tanto en los positivos y maravillosos como en los negativos y angustiosos. Además, todos esos sentimientos y sensaciones se ven continuamente entrecortadas, dentro de ese encuentro breve, por diversas y necesarias obligaciones.

Los protagonistas de esta relación “garaigorria” que andamos analizando, parece que son personas maduras e inteligentes (entiéndase inteligentes en el sentido de capacidad de adaptación y de comprensión) pero con sus propios defectos y contradicciones de mayor o menor importancia relativa según afecte a uno o al otro, pero al fin y al cabo defectos y contradicciones que producen choques, chispas, conflictos que se agudizan y multiplican excesivamente si se hallan inmersos en unos sentimientos afectivos tan intensos. Y un aspecto especialmente sensible es considerar si los defectos del uno, y del otro son contradicciones fundamentales, incluso, si son antagónicas, o no lo son.

En este sentido, he reflexionado sobre como en otros contextos o relaciones puede ser que las conflictos de carácter no emergen o no se manifiestan, pero que en una muy especial, como la amorosa, sí. Y pudiera ocurrir que defectillos que todos tenemos, por una serie de causas -de necesidades y azares- en las condiciones concretas de esa relación íntensa y díficil se manifiestan con una tempestad y desequilibrio inusitados. Y esto es lo que puede que le ocurra a esta pareja, pero más a una que a la otra.

En cualquier caso, soy optimista y creo conocer suficientemente a los protagonistas de “garaigorria”, para pensar que sus contradicciones de carácter y otras diferencias culturales, no son ni fundamentales ni antagónicas aunque existen y están, y por ello, se deben tratar.

Otra cuestión esencial es considerar si las condiciones externas de fondo antes expuestas son lo suficientemente importantes para que esa relación no pueda seguir, o si -igualmente- no son lo suficientemente importantes como para que interrumpan el camino emprendido. Y eso solo lo pueden decidir los propios interesados tras una introspección sincera de lo que se quiere en la vida, de hasta cuanto se quiere arriesgar, y en ese riesgo están incluidos sufrimientos propios y ajenos. Es una reflexión profunda, íntima y personal, pero también materia de debate entre las partes.

Pensando en las posibles soluciones a este u otros conflictos no se debería olvidar que las contradicciones internas que todos y todas llevamos dentro, son las fundamentales, y por tanto las que nos deben preocupar, y corregir, más. Contradicciones que se desarrollan en distintas condiciones externas más o menos adversas o más o menos favorables. En el caso que analizamos podríamos empezar por soluciones concretas y específicas. Por ejemplo, las dificultades que se producen en esos encuentros cortos y entrecortados, intentar que sean en las circunstancias menos malas posibles, de tensiones personales de cada uno y adecuada comunicación de los pros y contras para decidir el encuentro. En definitiva tomar una decisión -no general- sino particular para cada encuentro particular.

Es verdad que cuando ocurre el conflicto, el mosqueo por la actuación del otro, el análisis que se requiere tiene ritmos diferentes entre las partes, ritmos y minuciosidades diferentes. Incluso, si los dos amantes tienen personalidades fuertes y dominantes, quien lleva “las riendas” del conflicto. Porque el que necesita más tiempo le agobia la intervención apresurada del otro y al otro le produce impotencia el no saber o no entender lo que está pasando por parte del compañero. Unas personas necesitan dejar reposar y meditar que ha pasado, otras necesitan el debate detallado de todos los aspectos negativos y positivos cuanto antes. Y, en fín, cada persona es un universo que tiene sus propios formas y maneras. Y el caso de nuestra pareja, no iba a ser una excepción.

En último lugar, pero el más necesario, sería el autoanálisis de porque nos molestan determinadas cosas, unas más y otras menos. Si nuestras respuestas son proporcionadas al problema o conflicto, tanto en intensidad como en duración. Se trataría de ceder y comprender cada uno su parte, sabiendo y conociendo las peculiaridades del otro. Pero, sobre todo, que ese autoanálisis lleve implícito tratar y trabajar nuestros conflictos internos, juntos mejor que separados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: