LA MERCANTILIZACIÓN DE LA CIENCIA. “LA VISIÓN DE UN BIÓLOGO DIALÉCTICO”.

“Hacer ciencia, le guste a uno o no, es convertirse en un actor social comprometido en la actividad política. El negar la interdependencia de lo científico y lo social es, en sí mismo, un acto político, dando apoyo a estructuras sociales que se esconden detrás de la objetividad científica para perpetuar la dependencia, explotación, racismo, elitismo, colonialismo… Por supuesto que la velocidad de la luz es la misma bajo el capitalismo que bajo el socialismo….Pero si decimos que la causa de la tuberculosis es un bacilo o la explotación capitalista de los obreros, o si decimos que la tasa de mortalidad del cáncer se reduce mejor estudiando los oncogenes o tomando el control de las fábricas –estas cuestiones solo pueden decidirse objetivamente desde determinados presupuestos sociopolíticos. …los científicos, sean conscientes o no, siempre toman partido” (R. Levins y R. Lewontin, 1985)/1.
Y es que, aunque la ciencia o “lo científico” siempre se ha desarrollado al amparo de una ideología, la de la clase dominante, en los últimos tiempos asistimos a un proceso aún más duro si cabe, el de su mercantilización. El conocido proceso de Bolonia, y el menos conocido de la Estrategia Universidad 2015, han sacado a la palestra, a raíz de las luchas estudiantiles del pasado curso académico 2008/09, un tema no suficientemente debatido, la mercantilización de la ciencia y de la educación superior, ambas diseñadas al servicio de las grandes multinacionales.
Desde la Ley Morrell (1862) /2 en los EE.UU. hasta el reciente programa de los “Campus de excelencia internacional” en la universidad española hay un único camino, no exento de contradicciones, retrocesos y desarrollo desigual en los distintos países, de servicio de las instituciones científicas y educativas a los intereses del capitalismo en sus diferentes fases de expansión. Pero, “no fue hasta mediados del siglo XX cuando la ciencia se convirtió en una mercancía a gran escala…, transformándose la investigación en una inversión de las empresas…”/1.
En la segunda mitad del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial, en los países occidentales apareció una idea relacionada con lo que se llamó progreso, bienestar y  riqueza social: la economía del conocimiento. Esta noción se centra especialmente en la aplicación de nuevas políticas educacionales y laborales, basadas en la aceptación de que lo decisivo de la nueva sociedad es el conocimiento y la información. /3. Precisamente, su captación, transmisión y creación constituye el eje del sistema educativo del futuro, donde interesa formar un capital humano útil para las demandas empresariales,  que será el encargado de crear ese conocimiento necesario para el “bienestar social”. La posible bondad etérea o neutra de dicho conocimiento se desvirtúa cuando lo enmarcamos en un sistema como el actual, defensor de los intereses privados de las empresas; cuando, en realidad, es contrario al desarrollo social, entendido éste como mejora del nivel de vida de todas las capas sociales y de todas las regiones planetarias, desligadas de la competencia. “La visión dominante en el mundo capitalista con respecto a la economía del conocimiento es que hay una competencia feroz entre las naciones, donde la educación juega un papel crucial. Una educación de buena calidad formará una mano de obra entrenada y competente que será la piedra angular del progreso material.” /4
Hace más de 25 años que los biólogos y pensadores estadounidenses Richard Levins y Richard Lewontin, en el capítulo “La ciencia como producto social y el producto social de la ciencia” (págs. 161-265) del libro citado, ya denunciaron el proceso de mercantilización en el que ahora vemos inmersa a nuestra universidad: “El fundamento económico de la ciencia moderna es la necesidad de los capitalistas no solo de expandirse horizontalmente en nuevas regiones, sino de transformar la producción, crear nuevos productos, hacer más  rentable los métodos de producción,.. La mercantilización de la ciencia no es sino una parte consustancial del desarrollo del capitalismo….los costes de investigación de largo alcance se socializan cambiando el lugar de trabajo de las empresas individuales por las instituciones públicas como las universidades. …. Cuando dicha investigación socializada se encuentra en estrecho contacto con un producto que ya es de valor comercial, las etapas de desarrollo final vuelven a las manos privadas para lograr una propiedad en exclusiva” /1.
Vemos, por tanto, que esta noción de la economía del conocimiento creada desde los organismos internacionales que sustentan el sistema (como el Banco Mundial) pretendía sentar unas bases ideológicas y filosóficas para justificar el desmantelamiento de servicios sociales básicos como la educación . Lo que primero fue en EEUU y Gran Bretaña, está llegando a otros países de la Unión Europea, quienes, siguiendo el modelo anglosajón y con planes como los de Bolonia o Estrategia Universidad 2015, pretenden poner en bandeja la educación a las empresas, con el objetivo de reducir costes en mano de obra, infraestructuras y tiempo invertido /6.
“…Las Universidades y las escuelas técnicas superiores tienen como meta preparar los diferentes grados de trabajo científico al mínimo coste, haciendo del propio proceso educativo un servicio externo de los departamentos de personal de la empresa privada. Esto ejerce una presión sobre los educadores debido a la eficiencia económica –no sobrecualifiques a los estudiantes, concéntrate en lo que necesitan saber (esto es, lo que sus empleadores requieren), acorta la duración de los estudios de grado, consigue más doctorados para el capital” /1. ¿No resulta reconocible todo esto?
Relacionado con la aplicación de estos duros cambios en los sistemas educativos, encontramos las dinámicas de lucha de movimientos sociales, obreros y populares. En una época social como es la segunda mitad del siglo XX, con tantos y tan potentes movimientos populares en Europa (crisis del fascismo en España, mayo del 68 en Francia, movimientos estudiantiles y políticos en Alemania en los años 60-70, crisis de la Guerra de Vietnam, radicalización de las luchas obreras y estudiantiles en Italia ocupando fábricas y universidades en 1967-1968, etc.), es una falacia querer entender las maniobras reaccionarias de los estados europeos sin considerar la relación de fuerzas en el escenario de la lucha de clases. Así, vemos cómo allí donde los movimientos sociales fueron menores y hubo un breve período de auge económico, y donde la reacción se concentró, como en los EEUU y Gran Bretaña, las reformas, como nos muestra la exposición de Levins y Lewontin, hace décadas que ya estaban imp
lantadas. Mientras que en los países europeos, es a partir de los años 80-90 cuando se ha podido empezar a aplicar cambios legislativos cada vez más agresivos a la vez que se sucedían políticas reformistas socialdemócratas y se vislumbraba un posible desmantelamiento del movimientos de masas y aceptación de los valores del sistema establecido.
Como resumen, podemos decir que esta mercantilización de la ciencia y de los organismos encargadas de producirla y de crear la mano de obra básica de su producción: el sistema educativo en general y universidades científico-técnicas en particular, constituye cada vez más un nuevo paso hacia la consecución de mayores beneficios y de recortes de gastos; todo ello en un momento de cierto receso de las luchas en el que el estado cada vez representa más y mejor los intereses de los complejos industriales y financieros. La competición internacional por conseguir las mejores condiciones para las empresas ha dejado de lado medidas tan mal vistas socialmente como la subida de la jornada laboral, apostando por otras que son más fácilmente camuflables.
En las luchas contra este proceso, el papel de las asambleas y organizaciones estudiantiles ha sido más claro, pero no así el del profesorado que a medida que han pasado los meses, y fruto de sus propias contradicciones profesionales y laborales, se han ido sumando a este rechazo de la mercantilización de la Universidad del conocimiento y la innovación (I+D+I). Sobre esta coyuntura, no está de más recordar lo que dicen Levins y Lewontin sobre las contradicciones y la posición que pueden asumir los científicos en este proceso:
“Los científicos reaccionan a esta mercantilización de formas opuestas. Por una parte, lo deploran, aunque muchos de ellos, reclutados de la clase media, eligen la ciencia como una forma de escapar del mundo del mercado. Se resienten de la pérdida del viejo espíritu corporativista y la desinteresada dedicación a la verdad que era el mito organizador de la ciencia pre-mercantil. Se resienten de la proletarización del trabajo científico y su pérdida de autonomía y se resisten, de forma individualista, a la imposición de los controles administrativos y a la determinación burocrática de los méritos”.
“La condición de transición del científico como un estrato de intelectuales profesionales que están en vías de perder su estatus y ser incorporados a la estructura del capitalismo, exacerba las contradicciones en sus posiciones ideológicas y en su acción social. Estas varían desde las afirmaciones desafiantes de responsabilidad individual y desacuerdo, mediante un criticismo cauto, y una indiferencia estudiada, hasta la adulación servil; de la resistencia elitista a ser burocratizados y proletarizados, a la participación realista o entusiasta en el nuevo orden, o a la alianza con otros sectores alienados en la lucha contra el capitalismo”.

NOTAS:

/1: R. Levins y R. Lewontin. The dialectical biologist. Harvard University Press, Cambridge (Massachusstes-USA), 1985. [Traducido al castellano por los autores]
/2: El presidente Lincoln firmó la Ley Morrell en 1862, estableciendo el sistema de “land-grant colleges”, otorgando tierras a las Universidades para favorecer los estudios agrícolas y de ingeniería, en reconocimiento de la importancia del conocimiento científico para la mejora de la minería y la agricultura.
/3: “La sociedad del conocimiento aparece como sociedad de la información, porque se empeña en reducir el mundo a un cúmulo de informaciones y procesamientos de datos, y en ampliar de modo permanente los campos de aplicación de los mismos”. Robert Kurz: La ignorancia de la Sociedad del Conocimiento, en http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=247
/4:   http://luislarios.blogspot.com/2009/01/economa-del-conocimiento.html
/5:  “La tan aclamada “economía del conocimiento” tendría cuatro características definitorias: la revolución de la información y el uso de nuevas tecnologías; la reducción del ciclo de los productos, lo que ha aumentado la necesidad de la innovación; una gran integración a la economía mundial y un mayor crecimiento de los países que brindan mejor educación y salud a sus habitantes, entendidas como actividades proporcionadas por el mercado; y, las empresas pequeñas y medianas que suministran servicios cada día tenderían a ser más importantes” Banco Mundial, Aprendizaje permanente en la economía global del conocimiento. Desafíos para los países en desarrollo, Bogotá, Banco Mundial, Alfaomega, 2003, p xiv. Extraído de: http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-35/la-sociedad-del-conocimiento-una-falacia-comercial-del-capitalismo-contempo
/6: Para un análisis del significado de la Estrategia 2015 y su relación con la “economía del conocimiento”: http://www.kaosenlared.net/noticia/estrategia-universidad-2015…a-vueltas-bolonia

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