LA ECOLOGÍA DE MARX (EPÍLOGO)

John Bellamy Foster. La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza. Barcelona: Ediciones de Intervención Cultural/El Viejo Topo; 2000

Solo conocemos una ciencia: la ciencia de la historia. La historia puede contemplarse desde dos perspectivas: puede dividirse en historia de la naturaleza y en historia del hombre. Pero estos dos aspectos no deben verse como entidades independientes. Desde que existe el hombre, éste y la naturaleza se han afectado mutuamente.
K. Marx y F. Engels. La ideología alemana.

NATURALISMO DIALÉCTICO

John B. Foster señala que, tanto en la visión de Engels como en la de Marx, la concepción de la historia natural que muestra el análisis de Darwin permite entender la naturaleza de modo dialéctico, es decir, en términos de surgimiento. Como dijera Hegel, “la verdad es el todo”,  e inmediatamente añadía que ese todo sólo puede entenderse en términos de su “desarrollo” [1]. De ahí que podamos conocer a la razón (o el mundo) solamente en el contexto de su surgimiento.

Así, Marx y Engels, frente a la teleología y al mecanicismo, proponen una comprensión compleja de la evolución, y en donde “la teoría de Darwin” iba “a demostrarse como la prueba práctica de la explicación que da Hegel de la íntima relación entre la necesidad y el azar”. El autor nos señala a un Engels que se opone al “determinismo” que él asociaba con los materialistas franceses, los cuales habían intentado “librarse del azar negándolo de manera absoluta”. La necesidad, que explica Hegel, y que Marx había descubierto en Epicuro, tiene su fundamento en el azar (o la contingencia). Esta relación dialéctica entre el azar y la necesidad se desarrolla en el análisis que hace Engels de la trascendental obra de Darwin, ya que ésta partía de la más amplia base existente para el azar: ”…las infinitas diferencias accidentales entre los individuos de una misma especie, diferencias que se van acentuando hasta que rompen el carácter de la especie, y cuyas causas inmediatas sólo pueden demostrarse en extraordinarios pocos casos (el material sobre los cambios contingentes que se ha acumulado entre tanto ha suprimido y hecho añicos la vieja idea de la necesidad), le indujeron a poner en tela de juicio la base anterior de toda regularidad en biología, el concepto de especie en su propia rigidez e inalterabilidad metafísica….El azar derroca a la necesidad tal como se la ha concebido hasta ahora. La previa idea de la necesidad se quiebra. Mantenerla supone imponer dictatorialmente a la naturaleza, como ley, una determinación humana arbitraria, que está en contradicción consigo misma y con la realidad; significa negar de paso toda necesidad interna de la naturaleza viva”[2].

EL MARXISMO Y LA ECOLOGÍA DESPUÉS DE ENGELS

Después de Marx y de Engels, fueron varios los autores que mostraron una preocupación por el uso racional de los recursos, más concretamente con el restablecimiento de los nutrientes extraídos del suelo y su aportación crítica al abuso de la industria de los fertilizantes. Foster nos obsequia con citas de autores tan diversos como Bebel[3], Kautsky[4], Lenin[5] o Rosa Luxenburg[6] que bien se podrían corresponder con las actuales reivindicaciones ecologistas.

Pero fue Bujarín, según el autor, quien, de entre los primeros seguidores de Marx y Engels, iría más lejos en la aplicación del concepto marxiano de interacción metabólica entre los seres humanos y la naturaleza, como destaca en esta elocuente cita: “El hombre como forma natural, así como la sociedad humana en su conjunto, son productos de la naturaleza, parte de este gran todo infinito. El ser humano no puede escapar nunca de la naturaleza, e incluso cuando la “controla” está meramente utilizando las leyes de la naturaleza para sus propios fines”. “Ningún sistema, incluido el de la sociedad humana, puede existir en un espacio vacío, está rodeado de un ‘medio ambiente’ del que en última instancia dependen todas sus condiciones. Si la sociedad humana no se adapta a su  medio ambiente, no está destinada a este mundo….El medio en el que vive el hombre es la sociedad; el medio de la sociedad humana es la naturaleza exterior[7].

En la década de 1920, la ecología soviética era probablemente la más avanzada del mundo, y Foster señala que los más grandes ecologistas rusos fueron V.I. Verdadski y N. I. Vavilov. El primero alcanzó renombre internacional por su análisis de la biosfera y como fundador de la ciencia de la geobioquímica. Según Lynn Margulis, “fue la primera persona en toda la historia que se enfrentó con las reales implicaciones del hecho de que la Tierra es una esfera autónoma”. Fue solo como consecuencia de sus trabajos sobre la biosfera, con su enfoque holístico, cuando fue posible para la ciencia hallar una solución al problema del origen de la vida a partir de la materia inanimada (mediante discusiones entre científicos británicos y soviéticos)[8] [9].

LA DIALÉCTICA DE CAUDWELL

John B. Foster le dedica este apartado a la corta vida de Christhopher Caudwell, y nos cuenta cómo murió a los 29 años de edad en la Guerra Civil Española, en febrero de 1937, cubriendo con su ametralladora la retirada de sus compañeros del Batallón Británico de las Brigadas Internacionales. Fue en el corto periodo de los años 1935 y 1936 cuando Caudwell escribió sus principales obras. La mejor expresión de su punto de vista general fue su afirmación: “O bien el Demonio anda entre nosotros con gran poder, o existe una explicación causal para un mal que es común a la economía, a la ciencia y al arte”, resaltando así el problema fundamental en el mundo atomizado y alienado de la ciencia y la cultura burguesas, que se caracterizan por el dualismo y las racionalidades parciales y unilaterales.

El elemento fundamental del pensamiento de Caudwell era su punto de vista “crítico-realista” que hiciera hincapié en la dialéctica como surgimiento. Esto adoptaba, en concreto, la forma de constante insistencia en el carácter coevolutivo de la relación de los seres humanos y la naturaleza[10].

Caudwell consideraba al medio ambiente como facilitador, a la vez que como limitador, y esta visión cooperativa de la naturaleza captaba una parte de la realidad que con frecuencia se le escapaba a la visión darwinista cruda –que no hay que confundir con la obra de Darwin, ni con la de sus inmediatos seguidores, como Huxley-, como un mundo de desenfrenada competición y de supervivencia del más dotado. Así, Caudwell nos argumenta: (1) “No es posible separar al organismo del medio, como si  fueran opuestos, distintos entre sí. La vida es la relación entre los polos opuestos que se han separado a partir de la realidad, pero que permanecen en relación a través de la red del devenir”. (2) “La evolución de la vida no pueden determinarla únicamente las voluntades de la materia viva, ni únicamente los obstáculos de la materia no viva”. (3) “Las leyes del medio, en la medida en que constriñen el funcionamiento de la vida, no se dan en éste, sino que se dan en la relación entre medio y vida. (4) “El desarrollo de la vida está determinado por las tendencias de ésta. Pero la historia no realiza la voluntad de los individuos; tan solo está determinada por ellos, y a su vez los determina”. (5)  “La relación dentro de una especie, o entre una especie y otras, no es siempre hostil, en el sentido de que los individuos luchen por la posesión individual de unos alimentos escasos…El hecho de que la relación entre organismos y medio tuviese precisamente ese carácter de relación, significaba, según Caudwell, que, como toda relación, era mutuamente determinante, y estaba conectada con el “cambio material”. En rigor, “lo que constituye la realidad es un devenir material”[11].

Para John B. Foster esta perspectiva materialista, compleja, dialéctica, coevolutiva, captaba la esencia de una visión del mundo ecológica y, como Thompson dice de Caudwell cuatro décadas después de su muerte, éste había conseguido trascender el positivismo a la vez que evitaba pagar el “elevado precio” que, después de la década de 1920, se asociaba con el “marxismo occidental”, en el que una vez más se rechazaba el materialismo como inherentemente mecanicista, a favor de una dialéctica que era esencialmente idealista[12]. De este modo mantuvo un realismo crítico, dialéctico, y la posibilidad del naturalismo, evitando la destrucción de la dialéctica marxiana y la bifurcación de los reinos humano y natural.

EL ECOLOGISTA DIALÉCTICO

Al final de su libro, el autor se lamenta de que el resurgimiento del pensamiento ecológico marxista se halla centrado primordialmente en la economía política de las relaciones ecológicas, y no halla indagado más en el materialismo más profundo (desde el punto de vista filosófico y  científico), que con frecuencia se ha mantenido entre los materialistas radicales dentro del ámbito de la ciencia Nota. Y reconoce que a pesar de los grandes avances producidos por el pensamiento ecológico dentro de la economía política marxista, y del redescubrimiento de gran parte de la argumentación de Marx, el tema de la relación de la concepción materialista de la naturaleza con la concepción materialista de la historia (es decir, de la alienación del trabajo con la alienación respecto a la naturaleza) apenas se ha ampliado a esos debates.

John B. Foster recalca la necesidad de una teoría de la ecología como proceso de cambio que incluya la contingencia y la ecoevolución, para no solo poder entender el mundo, sino también para cambiarlo de acuerdo con las necesidades de la libertad humana y de la sostenibilidad ecológica.


[1] Georg Wilhelm Friedrich Hegel. The Phenomenology of Mind (New York, 1967).

[2] Mark y Engels. Colleted Works. Tomo 35.

[3] August Bebel. Women in the past, Present and Future, 1988.

[4] Kautsky. La cuestión agraria, 1899.

[5] Vladimir Ilich Lenin. La cuestión agraria y los “críticos de Marx”, 1901

[6] Rosa Luxenburg. Letters, 1993.

[7] Bukharin, Historical Materialism.

[8] Lynn Margulis. Foreword to the English-Language Edition, en V.I. V, Verdadsky, The Biosphere,  1998.

[9] Richard Levins y Richard Lewontin, The Dialectical Biologist, 1985.

[10] Chisthopher Caudwell. Illusion and reality, 1937.

[11] Chisthopher Caudwell. Scenes and Actions: Unpublished Manuscripts (Nueva York, 1986).

[12] E.P. Thompson, Making History

Nota En Inglaterra surgió en los años 30 una fuerte tradición de científicos de izquierdas, como J.D. Bernal, J.B.S. Haldane y Joseph Needham, que tuvieron relación con científicos soviéticos, algunos ya nombrados. Haldane, trabajando en líneas paralelas con A.I. Oparín fue el “codescubridor” de la primera explicación auténticamente materialista del surgimiento de los organismos vivos a partir del mundo inorgánico. Esta tradición de investigadores con influencia marxista ha proseguido en las ciencias de la vida, y adquirió incluso nuevo impulso en los años 60 y 70 del siglo XX en la obra de R. Lewontin, S. Jay Gould y R. Levins. En la obra, ya clásica, de Levins y Lewontin, “The Dialectical Biologist” (Ed. Harvard  University Press, 1985), el núcleo de su análisis (como en el de Engels y Caudwell, pero sobre una base científica más sólida) reside en la noción del “organismo como el sujeto y objeto de la evolución”. Esto significa que los organismos no se limitan a adaptarse a su medio sino que lo cambian.

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