LA ECOLOGÍA DE MARX

John Bellamy Foster. “La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza”. Barcelona: Ediciones de Intervención Cultural/El Viejo Topo; 2000.

ecologiamarx1Con los libros pasa como con las personas, raras son las veces que te topas con alguno muy especial que te entusiasma, te sorprende y subyuga. Pues eso es lo que he sentido con el libro de John Bellamy Foster, profesor de sociología de la universidad de Oregon y activista muy interesado en las cuestiones ecológicas.

Si de algo no se le puede tachar a este trabajo de Foster es de superficial: todo el texto es un compendio de erudición, rigor científico, profundidad y meticulosidad extrema. Pero eso no es lo más importante de su obra. Yo destacaría sus interesantes aportaciones y conocimientos para cualquier disciplina, sea del ámbito sanitario, social, de la biología y hasta de la tecnología. Y es que este libro, aunque trate sobre ecología, en realidad nos está mostrando el camino para aplicar con rigor, desde una perspectiva materialista (e histórica) y dialéctica, el estudio del conjunto de las ciencias que ha estado demasiado tiempo a merced de las corrientes positivistas.

John Bellamy Foster se fue dando cuenta a lo largo del tiempo de que su base materialista y filosófica para el análisis de los temas ecológicos adolecía de importantes lagunas y decidió volver a los fundamentos del materialismo, a reexaminar desde el principio la teoría social y su relación con la ecología dialécticamente, esto es, atendiéndose a su surgimiento. En este recorrido histórico descubrió que el origen del materialismo de Bacon o Marx se remontaba a la filosofía materialista antigua de Epicuro.

En la primera parte del libro, que supone un compendio de los propósitos del autor a modo de introducción, Foster comienza diciendo:

“El argumento que expone el presente libro se basa en una premisa muy sencilla: en que para entender los orígenes de la ecología es necesario comprender las nuevas visiones de la naturaleza que surgieron con el desarrollo del materialismo y de la ciencia entre los siglos XVII y XIX”

A pesar de que la discusión general se estructura en torno a la obra de Darwin y de Marx,  es sobre este último sobre el que se centra el texto, dada la importancia que el autor le da a las corrientes ecológicas revolucionarias, vinculando la transformación social con la transformación de la relación humana con la naturaleza, como formas que actualmente se consideran ecológicas.

A continuación presento algunos extractos de esta introducción del libro:

MATERIALISMO

Según Roy Bhaskar, un materialismo filosófico racional comprende:

1) Materialismo ontológico, que afirma la dependencia unilateral del ser social respecto del ser biológico (y en un sentido más general del ser físico) y el surgimiento del primero a partir del segundo.

2) Materialismo epistemológico, que afirma la existencia independiente y la actividad trasfáctica (esto es, causal y sometida a leyes) de, al menos, algunos de los objetos del pensamiento científico.

3) Materialismo práctico, que afirma el papel constitutivo de la acción transformadora humana en la reproducción y transformación de las formas sociales.

El materialismo de Marx fue práctico, pero también epistemológico y ontológico. Sin embargo, Marx en su “Tesis sobre Feuerbach”, consideraba que todas las formas anteriores del materialismo (incluido Feuerbach que buscó desarrollar una alternativa al materialismo mecanicista) y muy especialmente la de Epicuro, fue presa de un materialismo puramente contemplativo.

El libro recalca que Marx, aunque le dio al materialismo un sentido práctico, nunca abandonó su compromiso con la concepción materialista de la naturaleza  (el sentido ontológico y epistemológico), que fue esencial para el análisis marxiano.

Desde una perspectiva materialistanos sigue diciendo Foster-, Marx adoptó un enfoque a la vez realista y relacional (dialéctico), insistiendo en la perpetua y estrecha relación entre la ciencia natural y social. Gran parte de la filosofía y la ciencia social (o de los pensadores del campo de las ciencias humanas) contemporánea (incluido algunos sectores del marxismo occidental) se han definido por su rechazo del crudo positivismo decimonónico con su visión mecanicista y reduccionista (a la que se atribuían ciertos notables éxitos en el desarrollo científico), pero al rechazar dicho mecanicismo, incluido el biologismo mecanicista de la variedad que representa el darwinismo social, también rechazaban cada vez más el realismo y el materialismo, y adoptaban el punto de vista de que el mundo social estaba construido en la totalidad de sus relaciones por la práctica humana –incluidos, en especial, aquellos aspectos de la naturaleza que afectan al mundo social-, con lo que simplemente negaban los objetos del conocimiento intransitivos (objetos del conocimiento que son naturales y que existen con independencia de los seres humanos y de las construcciones sociales)…lo que representó un giro en sentido idealista. Este biologismo, o darwinismo social extremo, es una preocupación que solo puede combatirse con eficacia mediante un materialismo crítico, no mecanicista, no reduccionista, que mantenga su vinculación con una concepción materialista de la historia, como han demostrado los naturalistas Richard Lewontin y Stephen Jay Gould.

LA ECOLOGÍA

En este apartado John Bellamy Foster nos dice que, aún cuando durante mucho tiempo  se ha denunciado la falta de preocupación ecológica por parte de Marx, está ahora suficientemente claro, tras décadas de debate, que esta visión no es acorde a la evidencia. Desde el principio la noción marxiana de la alienación del trabajo humano estaba vinculada con una comprensión de la alienación de los seres humanos respecto a la naturaleza. Era esta doble alienación la que necesitaba ser explicada.

Desde un punto de vista coherentemente materialista, sigue diciendo el autor, la cuestión no reside en el antropocentrismo en contraposición con el ecocentrismo –dualismo que, en rigor, en poco contribuye a que entendamos las condiciones reales, en continuo cambio, de la existencia humana dentro de la bioesfera-, sino que es, antes bien, una cuestión de coevolución.

La perpetuación de esta perspectiva dualista es intrínseca a gran parte de la teoría verde contemporánea, y ha conducido a veces a esa tradición a un crudo rechazo de la ciencia moderna,… En este extraño contexto idealista, en el que sólo importan los valores, desaparecen los temas histórico-materiales reales, y grandes luchas históricas e intelectuales quedan reducidas a meras frases.

Partiendo de este concepto de “dominio de la naturaleza”, Caudwell diría en “Ilusion and Reality” (1937): “…La plena comprensión de este mutua interpenetración del movimiento reflexivo de los hombres y la Naturaleza, con la mediación de las relaciones necesarias y en evolución, a las que llamamos sociedad, es el reconocimiento de la necesidad, no sólo en la Naturaleza, sino en nosotros mismos y, en consecuencia, en la sociedad. Vista objetivamente, esta relación sujeto-objeto es la ciencia; vista subjetivamente, es el arte. Pero, en cuanto conciencia que surge en activa unión con la práctica, es, sencillamente, vida concreta: todo el proceso de trabajar, sentir, pensar, actuar como individuo humano en un mundo de individuos y Naturaleza.”

Un análisis ecológico exhaustivo requiere un punto de vista que sea a la vez materialista y dialéctico. A diferencia de una visión espiritualista, vitalista, del mundo natural, que tienda a ver éste conforme a alguna finalidad teleológica, un naturalista ve la evolución como un proceso natural abierto, gobernado por la contingencia, pero susceptible de explicación racional. La vida (los organismos) y el mundo físico no existen en compartimentos estancos sino en una “unidad extraordinaria entre los organismos y el medio” donde los organismos en general no se limitan a adaptarse a su medio; también lo afectan de diversas maneras y, al afectarlo, lo cambian. La relación es en consecuencia recíproca. Y en este todo dialéctico, se encuentran los diferentes niveles de existencia donde no existe una finalidad general que guíe a las comunidades vivas.

Tal como Richard Levins y Richard Lewontin dicen en The Dialectical Biologist:“La ecología tiene que abordar los problemas de la interdependencia y la autonomía relativa, de la semejanza y la diferencia, de lo general y lo particular, del azar y la necesidad, del equilibrio y el cambio, de la continuidad y discontinuidad, y de los procesos contradictorios. Tiene que tener una conciencia cada vez mayor de su propia filosofía, y de que esa filosofía sólo será eficaz en la medida en que llegue a ser no sólo materialista, sino también dialéctica”.

LA CRISIS DE LA SOCIO-ECOLOGÍA

La intención de este libro, dice Foster, no es la de “enverdecer a Marx” con el fin de que resulte “ecológicamente correcto” sino la de destacar las debilidades que aquejan a la teoría verde contemporánea, tratando de trascender el idealismo, el espiritualismo y el dualismo de gran parte del pensamiento verde contemporáneo, mediante una recuperación de una crítica más profunda de la alienación de la humanidad respecto a la naturaleza, que ocupaba un aspecto importante en la obra de Marx (y en la de Darwin).

Las ideas ecológicas de Marx se defienden en este libro mostrando, y demostrando, cómo éste se ocupó de forma sistemática con la revolución  científica del siglo XVII y el medio ambiente del siglo XIX, analizando la alienación humana respecto a la naturaleza, su interés respecto a la subsistencia humana y a la relación con el suelo, así como por toda la problemática de la agricultura capitalista. También fue fundamental con su línea de pensamiento su interés relativo a la división antagónica entre la ciudad y el campo y en su obra posterior abordó los problemas de la prehistoria y de las formas comunales arcaicas que se estudiaban en la literatura etnológica de la última década de su vida.

En definitiva, el libro refuerza la opinión de que la obra de Marx no puede entenderse plenamente sin una comprensión de su concepción materialista de la naturaleza y la relación con la concepción materialista de la historia.

Una respuesta to “LA ECOLOGÍA DE MARX”

  1. En buena hora. Este libro se encargará de sacar del pantano a los ecologistas actuales.

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