LA MAL LLAMADA “GRIPE ESPAÑOLA” DE 1918**

Publicado en 1 el Octubre 11, 2009 por epidemiologia
Portada del “San Francisco Examiner” de febrero de 1898:  “El espíritu de guerra se expande por los pechos de todos los americanos”.

Portada del “San Francisco Examiner” de febrero de 1898: “El espíritu de guerra se expande por los pechos de todos los americanos”.

Cuando los libros de medicina explican la pandemia más mortífera que ha sufrido la humanidad, aclaran que ha sido la “mal llamada” “gripe española”.  Pero, ¿por qué “mal llamada”? Las epidemias o pandemias de esta enfermedad se suelen señalar o nombrar por su procedencia, por la zona, país o ciudad donde se conocieron los primeros casos. Por ejemplo, en el siglo pasado se produjeron tres graves pandemias: la primera en 1918 por un virus A (H1N1), la referida “gripe española”; la segunda en 1957 por un virus A (H2N2)  o  “gripe asiática” y la tercera en 1968 por un virus A (H3N2) o “gripe de Hong Kong” [1]. Vemos, pues, que además de la caracterización del virus a través de lo que se llama subtipo, representado por los antígenos proteínicos Hemaglutinina (H) y Neuraminidasa (N), se identifica por el lugar de donde procede, por el origen de los primeros casos detectados [1,6]. Y es unánimemente aceptado por la comunidad científica internacional que la “gripe española” de 1918 no se originó en España.

¿Qué sabemos de esta pandemia en la actualidad?

En realidad, el conocimiento detallado del virus gripal que la provocó se obtuvo hace relativamente poco tiempo, cuando Tauberbenger y colaboradores pudieron determinar la secuencia genómica del virus a partir del tejido pulmonar de una victima de la enfermedad encontrado en una capa de permafrost, en un poblado esquimal de Alaska, donde el frío preservó adecuadamente el material genético todo ese tiempo [4,5]. Fue entonces cuando se supo, en contra de lo que se creía hasta entonces, que el virus de 1918 no tenía ningún gen de tipo humano, sino que era aviar, sin mezclas. Tenía, eso sí, 25 mutaciones que lo distinguían de un virus de la gripe aviar típico, y entre ellas debían estar las que le permitieron adaptarse al ser humano. Por tanto, la cepa de un virus A aviar se transformó (en su adaptación al humano) en una cepa de un nuevo subtipo de virus A que comenzó a circular con facilidad en nuestra especie: el H1N1.

Mientras que la I Guerra Mundial terminó en 1918 con nueve millones de muertos, los estragos que causó esta pandemia se estiman en 500 millones de enfermos que provocaron entre 25 y 39 millones de defunciones [7]. La magnitud de esta tragedia fue originada por tres circunstancias esenciales: la primera porque, hasta lo que se sabe, la población no estaba ni siquiera parcialmente inmunizada ante la nueva cepa y subtipo, la segunda –en parte relacionada con lo anterior- por su alta virulencia, y en tercer lugar -que no el último-, destacan las penosas condiciones socioeconómicas que provocó la 1ª Guerra Mundial: el virus de la gripe actuó sobre una población fuertemente debilitada y empobrecida [8,9].

Los primeros brotes epidémicos

Los detalles y circunstancias concretas que originaron el inicio de la pandemia son poco conocidos, pero sí hay coincidencia en afirmar que los primeros brotes  ocurrieron en distintos acuartelamientos del ejército de los Estados Unidos en la primavera de 1918[1]. La propagación de la epidemia fue tal que desde los primeros casos detectados, a principios de Marzo de 1918, y hasta finales de Abril del mismo año, 24 de los 36 principales campamentos estadounidenses sufrieron graves epidemias de una gripe diferente a la común [10,11]. Posteriores investigaciones que se centraron en estos primeros brotes señalan a la base militar norteamericana de Camp Funston (Fort Riley) en Kansas, como el lugar donde se detectaron los primeros casos [10-12].

Sobre el origen de estos brotes se han barajado varias hipótesis: Una ha sido su procedencia asiática, más concretamente un brote de enfermedad pulmonar en China que se pudo difundir a través de emigrantes asiáticos que fueron a trabajar a EE.UU. y Francia [11]. Otra hipótesis estudiada fue su posible origen en una base militar británica en Francia en 1916, donde se produjo una epidemia que se denominó “bronquitis purulenta”, y que posteriormente se ha sabido que correspondía con lo que hoy se diagnosticaría como Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) [13]. Estas hipótesis han sido muy cuestionadas por la escasa continuidad de esos dudosos casos de gripe con la posterior expansión epidémica en los Estados Unidos [11]. Por el contrario, los estudios más rigurosos, realizados por investigadores estadounidenses, coinciden en afirmar que la zona de procedencia más plausible de la pandemia es el condado de Haskell en el estado de Kansas [11,12,14].

El condado de Haskell

Kansas, en pleno corazón de los Estados Unidos, comprende diferentes condados entre los que se encuentra el de Haskell, en el suroeste. De dicho condado, eminentemente rural, se decía que “el olor del estiércol significaba la civilización”. Los poco más de 1700 habitantes vivían en humildes casas con techos de paja dispersos en una extensión de más de 900 kilómetros cuadrados y cuya economía se basaba en el cultivo de cereales, y en la cría de aves de corral y de ganado porcino y vacuno. A finales de Enero de 1918, Loring Miner, el médico del condado, se enfrentó súbitamente con una epidemia de gripe, pero una gripe como nunca antes había visto, con síntomas que afectaban a pacientes jóvenes y saludables y que con más frecuencia se complicaban, especialmente con neumonía, lo que provocaba en algunos casos la muerte [12].

El periódico de la ciudad más importante,  The Santa Fe Monitor, el 14 de febrero de ese año ya comunicaba,  de forma coloquial, con nombres y apellidos, los enfermos, sus síntomas y los cuidados que recibían, algunos con graves complicaciones neumónicas. A finales de febrero, el periódico también notificaba cómo jóvenes soldados afectados por la enfermedad acudían a sus casas del condado, o cómo sus familias los visitaban en el campamento Funston (Kansas). El trasiego de idas y venidas de enfermos de la posible gripe entre el cuartel y las viviendas del condado Haskell parecían habituales[2] .

Expansión de la epidemia

La epidemia se propagó por el campamento Funston que contaba en promedio, en aquellas semanas, con una muchedumbre compuesta por unos 56.000 soldados. Lo que sucedió después, en plenos preparativos para el envío en barcos de tropas estadounidense al continente europeo, es fácilmente imaginable. Entre abril y noviembre de 1918 cruzaron en largas travesías por el Atlántico un millón y medio de soldados. En el mismo mes de Abril aparecen los primeros casos de gripe en la ciudad francesa de Brest, principal puerto donde llegaron las unidades militares, y la extensión por Europa coincidió con la del este de Asia por el Océano Pacífico. Poco después llegó a Sudamérica, el Pacífico Sur, la India y las costas africanas. Pero la verdadera onda epidémica, la más mortífera, fue la del otoño de 1918 que se difundió por todos los rincones de los cinco continentes [12,15,16].

¿Por qué la gripe es “española”?

Si la pandemia de “gripe española” no se originó en España sino en los Estados Unidos de América, ¿qué ocurrió para que se le pusiera este nombre? Los primeros países de Europa y más afectados por la enfermedad fueron los que participaron en la Gran Guerra, especialmente Francia y Gran Bretaña. Se reconoce que los gobiernos y la prensa de estos países implicados en la guerra silenciaron la epidemia para “no desmoralizar a las tropas”, de modo que las únicas noticias venían de la prensa española, país que no participó en la guerra y donde se informaba sin cortapisas. La “gripe española” debe su nombre, por tanto, a la censura informativa en tiempos de guerra, y no a su origen. Sin embargo, esta hipótesis señalada por distintos autores, no aclara por qué fue silenciada la epidemia inicial en Estados Unidos, si no es por el papel cada vez más hegemónico que ya tenía este país en el escenario internacional de la época. Bien es cierto que la gripe en esos primeros momentos no era una enfermedad de declaración obligatoria, y que en esa primera onda epidémica los síntomas no fueron tan graves y letales como en los meses siguientes. Aunque ya se veía que era una gripe diferente, más virulenta y con más complicaciones pulmonares. Tanto que Loriner Miner lo quiso advertir comunicando los brotes que vio en Haskel en el boletín de enfermedades infecciosas de la época, el Public Health Reports (hoy día Morbidity and Mortality Weekly Report) [12].

Pero no es menos cierto que las campañas de intoxicación y desinformación de la prensa de Estados Unidos y otras potencias para desprestigiar a países enemigos eran ya habituales y sobradamente conocidas.  Un suceso que ocurrió dos décadas antes, en plena Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898), y que ejemplifica esto que decimos, es la no aclarada explosión del acorazado estadounidenses Maine, enviado a La Habana con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla[3] . Algunos de los documentos desclasificados por el gobierno estadounidense sobre la Operación Mangosta (proyecto para la invasión de Cuba) avalan la polémica hipótesis de que la explosión fue causada en realidad por el propio gobierno de los EE.UU. con el objeto de tener un pretexto para declarar la guerra a España [17]. La campaña mediática en aquellas semanas desde los periódicos del magnate William R. Hearst[4] convencieron a la mayoría de los estadounidenses de la culpabilidad de España [18,19]. El gobierno español negó cualquier vinculación con el hundimiento del Maine y no se plegó a su ultimátum, declarándole la guerra en caso de invasión de sus territorios, aunque, de hecho, Cuba ya estaba bloqueada por la marina estadounidense. Comenzaba así la Guerra de 1898, llamada a veces “la guerra de la prensa”.

Todos estos hechos considerados en su conjunto, la enemistad en aquellos años hacia la debilitada potencia colonial española, el ocultamiento mediático de la epidemia por EE.UU. y otros países participantes en el conflicto, y el hecho de que en la prensa española sí se informó de la evolución de esos casos de gripe que se convirtieron en grave epidemia, hizo que la pandemia de 1918 se la conociera como “gripe española”. Lo cierto es que la epidemia llegó a España, posiblemente desde Francia por ferrocarril a través de trabajadores españoles y portugueses en Mayo de 1918.  En Madrid, coincidiendo con las Fiestas de San Isidro, se extendió el brote, que se mantenía con síntomas leves, siendo comunicado y satirizado rápidamente por los periódicos de la época [16,20,21].

Bibliografía:

1- Gestal Otero JJ, Takkouche B, Gestal RomanÍ S y Blasco Huelva P. Infecciones Respiratorias Agudas. Gripe. P.591-612. En: Sierra López A, Sáenz Gonzalez MC, Fernández-Crehuet J, et al (Ed.). Piédrola Gil  Medicina Preventiva y Salud Pública. 11ª Edición. Barcelona: Masson;  2008.

2- Vidal Tort J y García San Miguel J. Gripe. Medicine 1998; 7(82): 3808-3812.

3- Fumarola Busquets A.  Virosis respiratorias. Concepto y clasificación. Gripe. P. 735-747. En: Fumarola Busquets A, Pédrola Gil G, et.al. Medicina Preventiva y Social. Higiene y Sanidad Ambiental. 7ª Edición. Madrid: AMARO; 1983.

4- Tauberbenger et al. Initial genetic characterization of the 1918 “Spanish” influenza virus. Science 1997;275:1793-96.

5- Tauberbenger et al.Characterization of the 1918 influenza virus polymerase genes. Nature 2005;437:889-98.

6- Heymann, DL (Editor). El control de las enfermedades transmisibles. Washington: OPS;  2005.

7- Patterson KD, Pyle GF. The geography and mortality of the 1918 influenza pandemic. Bull Hist Med. 1991; 65(1):4-21.

8- Tumpey M, Basler CF, Aguilar PV, Zeng H, Solórzano A, Swayne DE, et. al. Characterization of the Reconstructed 1918 Spanishm Influenza Pandemic Virus. N England Med. 2006;354:1343-51.

9- Viciana-Fernández F, Cruz-Rojo C. Longevidad y condiciones de salud de la población de Andalucía. p. 239-271.  En: Álvarez M, García-Gil C, Solano A, editoras. La Salud en Andalucía: Entre el mercado y el derecho. Sevilla; Mergablum. Edición y Comunicación S.L.;2003.

10- Warren T. Vaughan. Influenza: An Epidemiologic Study. Paperback-Jul 2008. Escrito en 1921. Smyth Press. ISBN-978-1-40867-040-8. Disponible en: http://www.flipkart.com/influenza-epidemiologic-study-warren-taylor/1408670402-2nx3fye4ff#previewbook

11- Jordan E. Epidemic influenza: survey. Chicago: American Medical Association;1927.

12- Barry JM. The site of origino f the 1918 influenza pandemic and its public health implications. Journal of Trnaslational Medicine 2004, 2:3doi:10.1186/1479-5876-2-3. En: http://www.translational-medicine.com/content/2/1/3

13- Oxford JS: The so-called Great Spanish Influenza Pandemic of 1918 may have originated in France in 1916. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci 2001, 356: 1857-1859.

14- Barry JM. The Great Influenza: the Epic Story of the Deadliest Plague in History First Edition New York: Viking 2004.

15- Rodríguez Ocaña E, Martínez Navarro F. Salud pública en España. De la Edad Media al siglo XXI. Granada: Escuela Andaluza de Salud Pública. Granada; 2008.

16- Echevarri Dávila B. La gripe española: La pandemia de 1918-1919. Madrid; Centro de Investigaciones Sociológicas, 1993.

17- Las Guerras de España en Cuba. Luís Navarro García. 1998. Ediciones Encuentros. Madrid.

18- Crónica de una guerra anunciada: a critical report about  the US press in the spanish american war (1898). A.A. Fernández. En: Recovering the U.S. Hispanic literary heritage, Volumen 4. R.A. Gutiérrez, G.M. Padilla, M. Herrera-Sobek. Editores: R.A. Gutiérrez, J. Aranda, Jr., G.M. Padilla, S. Torres-Saillant, M. Herrera-Sobek. Arte Publico Press, Houston, Texas, 2002.

19- Cuba 1898: la primera guerra que se inventó la prensa. M. Leguineche. Ed. El País/Aguilar, Madrid, 1998.

20- Trilla A, Trilla G, and Daer C. The 1918 “Spanish Flu” in Spain. Clinical Infectious Diseases 2008; 47:668–73.

21- Resumen de Noticias. ABC (Madrid). 22 Mayo de 1918:24.

** Extraído del artículo original publicado en “Rebelión”:

DOS PANDEMIAS DE GRIPE, DOS NOMBRES

(O CUANDO EL NOMBRE DICE MÁS DE LO QUE PRETENDE DECIR)

http://www.rebelion.org/noticias/2009/10/92793.pdf


[1] Probable cronología de los brotes de gripe en los acuartelamientos militares de EE.UU.: Camp Funston [Fort Riley] en Kansas el 4 de marzo de 1918. Camp Sevier [Fort Jackson], en Carolina del Sur, a mediados de Marzo de 1918. Camp Oglethorpe, Georgia, el 18 de marzo de 1918 y dos semanas después en: Camp Forrest, Tennessee, y el Campamento de entrenamiento de oficiales de la reserva.  Camp Sherman, Ohio, en abril de 1918.

[2] “Mrs. Eva Van Alstine is sick with pneumonia. Her little son Roy is now able to get up… Ralph Lindeman is still quite sick… Goldie Wolgehagen is working at the Beeman store during her sister Eva’s sickness… Homer Moody has been reported quite sick… Mertin, the young son of Ernest Elliot, is sick with pneumonia… Pete Hesser’s children are recovering nicely… Ralph McConnell has been quite sick this week (Santa Fe Monitor, February 14th, 1918).”

“Most everybody over the country is having la grippe or pneumonia (Santa Fe Monitor, February 21st 1918).

“Dean Nilson surprised his friends by arriving at home from Camp Funston on a five days furlough. Dean looks like soldier life agrees with him.” He soon returned to the camp. Ernest Elliot left to visit his brother at Funston as his child fell ill. On February 28, John Bottom left for Funston. “We predict John will make an ideal soldier,” said the paper (Santa Fe Monitor February 28th, 1918).

[3] El envío a Cuba del acorazado Maine, fue considerado como una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico.

[4] El magnate William R. Hearst, propietario entonces del periódico sensacionalista “San Francisco Examiner”. Hoy día el Grupo Hearst, es uno de los principales imperios mediáticos del mundo.

Cuento de la Mariposa y el Cangrejo

Publicado en 1 el Agosto 1, 2009 por epidemiologia

Rebuscando entre las cosas más íntimas de la casa  de la “Abuela Mercedes”, que tras su muerte se ha ido deshojando poco a poco de sus grandes y pequeñas hojas, encontré los escritos de su hijo Lolo, cuando estaba “guardado”, hace ya más de 25 años.

 1. Cuento: La Mariposa y el Cangrejo

Un día quise ver el mar. Hacía mucho tiempo que no veía reflejado en su espejo el dulce movimiento de mis alas. Así que una mañana me elevé en el aire para ver si me hallaba lejos de la costa y con gran sorpresa pronto divisé unas lomas blancas de cristalitos brillantes y por encima de ellas unos puñaditos de rocas saladas que emergían del mar. Comencé a batir mis alas de polvo de azúcar en aquella dirección mientras unas brisas de algas y salitre me inundaba de alegría.

 Después de descansar unos segundos en las ramitas de un pino enano, traspasé las dunas y me extasió la majestuosidad del mar (con su manto de plata-azul y sus ribetes de encaje blanco cuando en la orilla rompían las ruidosas olas). Siempre en continuo movimiento, siempre constante y farandulero.

 Mientras pensaba esto, había dejado a un lado los puñaditos de rocas y me deslizaba por la orilla, apenas sin mover mis alas, para no perder palabra de la belleza y la armonía con que me hablaba. No me di cuenta que encima de mí se colocaron en formación cuatro nubes negras con cara de enfado y con sus mejillas infladas dispuestas a resoplar y escupir por un terrible dolor de muelas que la martirizaba. Observé que el manto marino se oscurecía como si un sin fin de rayas se hubieran dado las manos para jugar al corro, y, presagiando el peligro, giré bruscamente en el aire. Pero mi intento de huida fue inútil.

 Gotitas dispersas como un vendaval me lanzó a una velocidad increíble contra las rocas cercanas, reboté en ellas y caí al mar desvaneciéndome. Sin duda hubiera muerto ahogada a merced de la tormenta, pero la suerte quiso que al chocar contra las rocas se desprendiera una piedrecita. Esta comenzó a rodar y no paró hasta interrumpir el dulce sueño de un cangrejo, el cual se sobresaltó, se irguió sobre sus ocho patas peludas y aún pudo ver a mi cuerpo inerte antes de que cayera al mar.

 El cangrejo, que jamás había visto a un ser tan esbelto y delicado con tan grandes alas decoradas con motas de carmín, abandonó su habitual pereza y corrió y nadó, aguijoneado por la curiosidad natural por la belleza, hasta que llegó junto a mí. Se sumergió en el agua y volvió a la superficie con mi cuerpo desmayado en su brillante caparazón.

 El cangrejo regresó a las rocas y me ocultó en una cueva hasta que las nubes se aliviaron y marcharon. Una vez que el sol brilló de nuevo y sus rayos inundaron el interior de la cueva, el cangrejo me sacó a una piedra grande y plana para que la brisa me despertara y el Sol secara mis mojadas alas.

 Abrí los ojos y noté mi cuerpo húmedo y pesado. Parecía como si la sal depositada al evaporarse el agua lastrara mis alas y sus minúsculas agujas las fijaran a la piedra inmovilizándome. Miré a mí alrededor y vi moverse un montoncito de algas. Me sorprendí e hice un esfuerzo para incorporarme, inesperadamente una voz ronca surgió de las algas:

 - No te vayas por favor. Soy yo, el Cangrejo, y te traigo este oloroso colchón para que reposes y descanses en él.

             Y terminando de hablar apareció de entre las algas un hermoso animal. Tenía dos grandes pinzas y ocho patitas todas llenas de vello moreno, su boca era pequeña para tan bronca voz, y su cuerpo era fuerte y bronceado. Jamás había visto a un cangrejo y alguna vez oí hablar al Ser Humano de su vida y sus costumbres, pero nunca me imaginé que fuera tan robusto y bello.

- Hola -le saludé confusa- ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Podré volar de nuevo?

             Entonces el cangrejo me contó cómo se arrojó al mar para rescatarme y cómo me ocultó en su cueva mientras aguardaba a que la tormenta cesase. Me llevó al aire libre para que me secara y entre tanto marchó a buscar algas para que descansara y sanara embriagada por su suave olor, pues no dudaba que éste haría cicatrizar mis alas resecas y agrietadas. A continuación me preguntó:

- Ahora que ya sabes lo que te ha ocurrido esta mañana ¿no podrías decirme tu nombre?

- Mariposa me llamo – le conteste yo.

- Mariposa, Mariposa,….-comenzó a repetir mi nombre suavizando su ronca voz-…jamás imaginé que existiera un nombre tan melodioso. Mariposa,… Mariposa,… ¿sabes? Me encanta tu nombre. El día que tenga una hija le llamaré Mariposa…Sí, eso haré.

             Logré aguantarme unos segundos, pero no pude más y terminé con una gran carcajada que me hizo estremecer. Sabía que mi nombre y mi figura había sido objeto de inspiración por los Humanos para construir baladas y canciones pero nunca pensé que un animal como el cangrejo fuera capaz de hablar de esa forma tan romántica que en su boca pequeña producía una gran timidez.

             El cangrejo, agitando sus pinzas en el aire, se mostró confuso ante mi desairada risa.

 -¿De qué te ríes, Mariposa? ¿Te burlas de mí?

 -No me burló de ti, Cangrejito -le dije ya más serena-, pero es que has dicho cosas graciosísimas. ¿A quién se le puede ocurrir ponerle a un cangrejo el nombre de Mariposa? ¿No lo encuentras divertido?

 -Pues no le veo la gracia -me contestó el cangrejo muy serio-. Si a mí me gusta ese nombre, ¿quién puede impedirme que llame así a mi hija?, ¿eh? Jamás he oído que eso esté prohibido.

             Me quedé un rato pensativa y las palabras no me salían de la boca por la confusión que me produjo su obstinación y sus preguntas tan sentidas y extrañas. Al fin le dije que tenía razón, que quizá no fuera tan extravagante su propósito y que no se enfadara conmigo, aún estaba un poco aturdida por mi caída al mar.

 Al oír mis palabras se puso muy contento y se apresuró a prepararme un lecho de algas como jamás ningún ser habría soñado poseer. Una vez hubo terminado me recogió de la piedra muy lenta y suavemente con sus dos pinzas cerradas y me puso sobre el lecho de forma tan cuidadosa que me enternecí.

 -Bueno, ahora que estás cómoda -me dijo- podemos conversar un rato. Siempre que puedo no desperdicio ocasión para que alguien me hable de paisajes y animales lejanos. Como habrás podido comprobar los cangrejos somos rudos, ignorantes, casi primitivos, pero el contacto con el Ser Humano nos ha convertido en unos grandes curiosos y hemos aprendido algo de él. A menudo vienen hombres y mujeres a estas rocas y lo que más me fascina es esconderme en alguna cueva cercana y ponerme a oír sus palabras humanas que evocan recuerdos de montañas gigantes con sus caperuzas nevadas, bosques inmensamente verdes y sombríos, hilos de riachuelos veloces que disputan carreras entre sí para ver quién descansa antes en la paz de un largo que es un trocito de cielo; en fin, palabras que evocan tantas cosas que nunca podré ver y admirar… Tú que tienes alas y puedes desplazarte con el viento, seguro que habrás visto esas maravillas. Háblame de ellas, me harías tan feliz…

 - Claro que sí, Cangrejo -le dije yo-, pero no debes quejarte de tu suerte. Cualquiera de nosotras, las mariposas, daría una de sus alas por poder vivir junto al mar, y esconderse en las rocas, y sumergirse y andar por el fondo del mar, y ser amigos de los peces, y cultivar algas, y nadar hasta agotarse para luego tumbarse en la arena caliente hablando con el Sol y yo qué sé, tantas y tantas cosas que los humanos hablan del mar… no entiendo cómo te puedes quejar. Además, en el océano también existen montañas, y muchos ríos también se afanan por descansar en él, y se puede contemplar el vuelo elástico de las gaviotas…

 - Tiene razón, Mariposa -me contestó el Cangrejo-, pero vivir siempre aquí sabiendo que en la Tierra existen otros lugares tan maravillosos me entristece, no lo puedo remediar.

 - Entiendo tu tristeza, Cangrejito, porque igual me sucede a mí. Yo también envidio al hombre. Él es el único que puede subir a las más altas montañas y bajar al oscuro y fascinante fondo del mar. De verdad que envidio al ser Humano.

 Durante unos minutos permanecimos en silencio. El día se estaba acabando. El Sol comenzaba a bañarse para aliviarse el calor de la mañana y la tarde, y movía sus brazos y piernas agitadamente porque el agua estaba muy fría. Para que no le causara tanta impresión se fue sumergiendo poquito a poco y ya el mar le cubría sus rodillas. Unos tenues algodoncitos anaranjados se alejaban asustados de las nubes negras que volvían rabiando de dolor. El cielo corría su cortina opaca para que la Luna no desvelara su sueño. La diosa Venus observaba su lento movimiento. ¡Y pensar que el Ser Humano besará un día el manto de la diosa!, exclamé para mí por no turbar nuestro silencio.

 - ¡Ya lo tengo! -gritó de pronto el Cangrejo saltando sobre sus patas delanteras y aplaudiendo con sus pinzas- ¡Ya tengo la solución! Tú misma ha dicho lo que es preciso hacer. Te quito un ala y me la pongo yo, y de esta forma yo podré volar, aunque sea a trancas y barrancas, y tú podrás sumergirte en el mar sin que te estorbe tanta superficie de ala. ¿No es una gran idea?, ¿eh? ¿No es una idea genial, Mariposita?

 Y se puso tan contento que comenzó a llorar de alegría y a dar brincos y volteretas mientras exclamaba “¡Hurra! ¡Hurra! ¡Ya seremos como los Humanos! ¡Hurra!”. Desgraciadamente me contagié de su alborozo y sin pensarlo dos veces grité:

 - ¡Tienes razón, tienes razón! ¡Seremos como los Humanos! ¡Qué suerte! ¿Cuándo nos transformamos?

 - ¿Cuándo dices? –preguntó el Cangrejo- ¡Ahora mismo!, cuanto antes, mejor.

- Sí, ahora… ¿por qué no? Venga, quítame un ala que ya estoy deseando bañarme con los últimos rayos del sol; el quejita aún no se ha mojado los hombros.

             Y el Cangrejo se acercó a mí, cogió con sus pinzas una de mis alas y antes de arrancarla me dijo:

 - ¿No te haré daño, Mariposita?

 - No seas tonto –le contesté- además ¿qué puede significar un dolor pasajero comparado con  la alegría eterna? ¡Venga rápido!

             El Cangrejo arrancó una de mis alas. La puso sobre su caparazón y el viento se la llevó. Mientras corría a recogerla me arrastré sobre mi vientre y me zambullí en el mar.

             Cuando volvió el Cangrejo con mi ala me vio medio ahogada agarrándome desesperadamente a una piedra para no caer de nuevo al mar. Me rescató y me llevó al lecho de algas. De pronto me di cuenta de nuestro error y me eché a llorar. El Cangrejo, aún esperanzado, me dijo:

 - No llores, Mariposa, no llores. Esto siempre pasa al principio. Hasta que no te acostumbres no podrás bucear como yo. ¡Por valiente tontería estás llorando Fíjate en mí, he fracasado la primera vez y sé que no puedo apenarme por ello. Comprendo que tu ala no se fijará en mi espalda así como así…, se necesita una práctica, una costumbre,… Ahora verás cómo lo intento otra vez…

             El Cangrejo volvió a poner mi ala sobre su caparazón y el viento se la llevó. Corrió en su busca. Esta vez en dirección a la playa y nunca más volvió.

                                    ****************************

 Al amanecer se acercó un Ser Humano con el Cangrejo muerto en una mano. Según comentaba con un acompañante le había encontrado muerto medio enterrado en la arena de las dunas y muy cerca de él, en la ramita de un pino enano, podía verse el ala de una mariposa enredada entre sus afiladas hojas.

 - ¿Y por qué lo has cogido si está muerto? –le preguntó.

 - Para arrojarlo al mar; a lo mejor resucita allí de donde nunca debió salir… Quién sabe…

             Y ya se disponían a alejarse cuando el segundo Ser Humano me vio y se sorprendió de hallar una mariposa con una sola ala sobre un lecho de algas. Se acercó y exclamó:

 - ¡Mira allí! ¡Qué cosa más extraña! Y parece que aún está viva… – y pensó: “¿será ella la responsable de la muerte del cangrejo?”.

- No –habló meditando el Ser Humano, como contestando al pensamiento de su acompañante-. El cangrejo murió porque deseaba volar por encima de todas las cosas… Quién sabe… Algún día el cangrejo volará…

             Los dos Seres Humanos se sentaron y conversaron. Se fueron. Llegaron otros y se marcharon también. Así, de forma ininterrumpida pasaron ante mí seres humanos de las más variadas clases y condiciones. Oí sus extrañas palabras humanas y logré captar el sentido del Mundo.

             Cometimos la terrible equivocación de querer parecernos al Ser Humano. Solo él puede subir a las más altas cumbres y bajar a los abismos del mar. He oído decir que el Ser Humano no es libre todavía, aún no es feliz. Cuando se dé cuenta de que forma parte de todo lo que le rodea y que no le pertenece y que su libertad consiste en poder ser a la vez Mariposa y Cangrejo, entonces, quizá, muchos serán capaces de sacrificar una de sus alas o de enterrarse en las arenas de una duna. Cuando el Ser Humano se sienta parte de la naturaleza, la Naturaleza toda se alegrará.

             Ya no podré volar por los campos de amapola en amapola y jugar con los niños a cazar mariposas, pero mi mente volará por mí, y algún día, cuando el Ser Humano se sienta Ser Humano y su Libertad deje de ser una obsesión y una meta, entonces, me llevarán en sus naves interestelares y al fin podrá besar el manto de la Diosa Venus.

 FIN

  Soria, 21 de Diciembre de 1983

LA ECOLOGÍA DE MARX (EPÍLOGO)

Publicado en 1 el Junio 18, 2009 por epidemiologia

John Bellamy Foster. La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza. Barcelona: Ediciones de Intervención Cultural/El Viejo Topo; 2000

Solo conocemos una ciencia: la ciencia de la historia. La historia puede contemplarse desde dos perspectivas: puede dividirse en historia de la naturaleza y en historia del hombre. Pero estos dos aspectos no deben verse como entidades independientes. Desde que existe el hombre, éste y la naturaleza se han afectado mutuamente.
K. Marx y F. Engels. La ideología alemana.

NATURALISMO DIALÉCTICO

John B. Foster señala que, tanto en la visión de Engels como en la de Marx, la concepción de la historia natural que muestra el análisis de Darwin permite entender la naturaleza de modo dialéctico, es decir, en términos de surgimiento. Como dijera Hegel, “la verdad es el todo”,  e inmediatamente añadía que ese todo sólo puede entenderse en términos de su “desarrollo” [1]. De ahí que podamos conocer a la razón (o el mundo) solamente en el contexto de su surgimiento.

Así, Marx y Engels, frente a la teleología y al mecanicismo, proponen una comprensión compleja de la evolución, y en donde “la teoría de Darwin” iba “a demostrarse como la prueba práctica de la explicación que da Hegel de la íntima relación entre la necesidad y el azar”. El autor nos señala a un Engels que se opone al “determinismo” que él asociaba con los materialistas franceses, los cuales habían intentado “librarse del azar negándolo de manera absoluta”. La necesidad, que explica Hegel, y que Marx había descubierto en Epicuro, tiene su fundamento en el azar (o la contingencia). Esta relación dialéctica entre el azar y la necesidad se desarrolla en el análisis que hace Engels de la trascendental obra de Darwin, ya que ésta partía de la más amplia base existente para el azar: ”…las infinitas diferencias accidentales entre los individuos de una misma especie, diferencias que se van acentuando hasta que rompen el carácter de la especie, y cuyas causas inmediatas sólo pueden demostrarse en extraordinarios pocos casos (el material sobre los cambios contingentes que se ha acumulado entre tanto ha suprimido y hecho añicos la vieja idea de la necesidad), le indujeron a poner en tela de juicio la base anterior de toda regularidad en biología, el concepto de especie en su propia rigidez e inalterabilidad metafísica….El azar derroca a la necesidad tal como se la ha concebido hasta ahora. La previa idea de la necesidad se quiebra. Mantenerla supone imponer dictatorialmente a la naturaleza, como ley, una determinación humana arbitraria, que está en contradicción consigo misma y con la realidad; significa negar de paso toda necesidad interna de la naturaleza viva”[2].

EL MARXISMO Y LA ECOLOGÍA DESPUÉS DE ENGELS

Después de Marx y de Engels, fueron varios los autores que mostraron una preocupación por el uso racional de los recursos, más concretamente con el restablecimiento de los nutrientes extraídos del suelo y su aportación crítica al abuso de la industria de los fertilizantes. Foster nos obsequia con citas de autores tan diversos como Bebel[3], Kautsky[4], Lenin[5] o Rosa Luxenburg[6] que bien se podrían corresponder con las actuales reivindicaciones ecologistas.

Pero fue Bujarín, según el autor, quien, de entre los primeros seguidores de Marx y Engels, iría más lejos en la aplicación del concepto marxiano de interacción metabólica entre los seres humanos y la naturaleza, como destaca en esta elocuente cita: “El hombre como forma natural, así como la sociedad humana en su conjunto, son productos de la naturaleza, parte de este gran todo infinito. El ser humano no puede escapar nunca de la naturaleza, e incluso cuando la “controla” está meramente utilizando las leyes de la naturaleza para sus propios fines”. “Ningún sistema, incluido el de la sociedad humana, puede existir en un espacio vacío, está rodeado de un ‘medio ambiente’ del que en última instancia dependen todas sus condiciones. Si la sociedad humana no se adapta a su  medio ambiente, no está destinada a este mundo….El medio en el que vive el hombre es la sociedad; el medio de la sociedad humana es la naturaleza exterior[7].

En la década de 1920, la ecología soviética era probablemente la más avanzada del mundo, y Foster señala que los más grandes ecologistas rusos fueron V.I. Verdadski y N. I. Vavilov. El primero alcanzó renombre internacional por su análisis de la biosfera y como fundador de la ciencia de la geobioquímica. Según Lynn Margulis, “fue la primera persona en toda la historia que se enfrentó con las reales implicaciones del hecho de que la Tierra es una esfera autónoma”. Fue solo como consecuencia de sus trabajos sobre la biosfera, con su enfoque holístico, cuando fue posible para la ciencia hallar una solución al problema del origen de la vida a partir de la materia inanimada (mediante discusiones entre científicos británicos y soviéticos)[8] [9].

LA DIALÉCTICA DE CAUDWELL

John B. Foster le dedica este apartado a la corta vida de Christhopher Caudwell, y nos cuenta cómo murió a los 29 años de edad en la Guerra Civil Española, en febrero de 1937, cubriendo con su ametralladora la retirada de sus compañeros del Batallón Británico de las Brigadas Internacionales. Fue en el corto periodo de los años 1935 y 1936 cuando Caudwell escribió sus principales obras. La mejor expresión de su punto de vista general fue su afirmación: “O bien el Demonio anda entre nosotros con gran poder, o existe una explicación causal para un mal que es común a la economía, a la ciencia y al arte”, resaltando así el problema fundamental en el mundo atomizado y alienado de la ciencia y la cultura burguesas, que se caracterizan por el dualismo y las racionalidades parciales y unilaterales.

El elemento fundamental del pensamiento de Caudwell era su punto de vista “crítico-realista” que hiciera hincapié en la dialéctica como surgimiento. Esto adoptaba, en concreto, la forma de constante insistencia en el carácter coevolutivo de la relación de los seres humanos y la naturaleza[10].

Caudwell consideraba al medio ambiente como facilitador, a la vez que como limitador, y esta visión cooperativa de la naturaleza captaba una parte de la realidad que con frecuencia se le escapaba a la visión darwinista cruda –que no hay que confundir con la obra de Darwin, ni con la de sus inmediatos seguidores, como Huxley-, como un mundo de desenfrenada competición y de supervivencia del más dotado. Así, Caudwell nos argumenta: (1) “No es posible separar al organismo del medio, como si  fueran opuestos, distintos entre sí. La vida es la relación entre los polos opuestos que se han separado a partir de la realidad, pero que permanecen en relación a través de la red del devenir”. (2) “La evolución de la vida no pueden determinarla únicamente las voluntades de la materia viva, ni únicamente los obstáculos de la materia no viva”. (3) “Las leyes del medio, en la medida en que constriñen el funcionamiento de la vida, no se dan en éste, sino que se dan en la relación entre medio y vida. (4) “El desarrollo de la vida está determinado por las tendencias de ésta. Pero la historia no realiza la voluntad de los individuos; tan solo está determinada por ellos, y a su vez los determina”. (5)  “La relación dentro de una especie, o entre una especie y otras, no es siempre hostil, en el sentido de que los individuos luchen por la posesión individual de unos alimentos escasos…El hecho de que la relación entre organismos y medio tuviese precisamente ese carácter de relación, significaba, según Caudwell, que, como toda relación, era mutuamente determinante, y estaba conectada con el “cambio material”. En rigor, “lo que constituye la realidad es un devenir material”[11].

Para John B. Foster esta perspectiva materialista, compleja, dialéctica, coevolutiva, captaba la esencia de una visión del mundo ecológica y, como Thompson dice de Caudwell cuatro décadas después de su muerte, éste había conseguido trascender el positivismo a la vez que evitaba pagar el “elevado precio” que, después de la década de 1920, se asociaba con el “marxismo occidental”, en el que una vez más se rechazaba el materialismo como inherentemente mecanicista, a favor de una dialéctica que era esencialmente idealista[12]. De este modo mantuvo un realismo crítico, dialéctico, y la posibilidad del naturalismo, evitando la destrucción de la dialéctica marxiana y la bifurcación de los reinos humano y natural.

EL ECOLOGISTA DIALÉCTICO

Al final de su libro, el autor se lamenta de que el resurgimiento del pensamiento ecológico marxista se halla centrado primordialmente en la economía política de las relaciones ecológicas, y no halla indagado más en el materialismo más profundo (desde el punto de vista filosófico y  científico), que con frecuencia se ha mantenido entre los materialistas radicales dentro del ámbito de la ciencia Nota. Y reconoce que a pesar de los grandes avances producidos por el pensamiento ecológico dentro de la economía política marxista, y del redescubrimiento de gran parte de la argumentación de Marx, el tema de la relación de la concepción materialista de la naturaleza con la concepción materialista de la historia (es decir, de la alienación del trabajo con la alienación respecto a la naturaleza) apenas se ha ampliado a esos debates.

John B. Foster recalca la necesidad de una teoría de la ecología como proceso de cambio que incluya la contingencia y la ecoevolución, para no solo poder entender el mundo, sino también para cambiarlo de acuerdo con las necesidades de la libertad humana y de la sostenibilidad ecológica.


[1] Georg Wilhelm Friedrich Hegel. The Phenomenology of Mind (New York, 1967).

[2] Mark y Engels. Colleted Works. Tomo 35.

[3] August Bebel. Women in the past, Present and Future, 1988.

[4] Kautsky. La cuestión agraria, 1899.

[5] Vladimir Ilich Lenin. La cuestión agraria y los “críticos de Marx”, 1901

[6] Rosa Luxenburg. Letters, 1993.

[7] Bukharin, Historical Materialism.

[8] Lynn Margulis. Foreword to the English-Language Edition, en V.I. V, Verdadsky, The Biosphere,  1998.

[9] Richard Levins y Richard Lewontin, The Dialectical Biologist, 1985.

[10] Chisthopher Caudwell. Illusion and reality, 1937.

[11] Chisthopher Caudwell. Scenes and Actions: Unpublished Manuscripts (Nueva York, 1986).

[12] E.P. Thompson, Making History

Nota En Inglaterra surgió en los años 30 una fuerte tradición de científicos de izquierdas, como J.D. Bernal, J.B.S. Haldane y Joseph Needham, que tuvieron relación con científicos soviéticos, algunos ya nombrados. Haldane, trabajando en líneas paralelas con A.I. Oparín fue el “codescubridor” de la primera explicación auténticamente materialista del surgimiento de los organismos vivos a partir del mundo inorgánico. Esta tradición de investigadores con influencia marxista ha proseguido en las ciencias de la vida, y adquirió incluso nuevo impulso en los años 60 y 70 del siglo XX en la obra de R. Lewontin, S. Jay Gould y R. Levins. En la obra, ya clásica, de Levins y Lewontin, “The Dialectical Biologist” (Ed. Harvard  University Press, 1985), el núcleo de su análisis (como en el de Engels y Caudwell, pero sobre una base científica más sólida) reside en la noción del “organismo como el sujeto y objeto de la evolución”. Esto significa que los organismos no se limitan a adaptarse a su medio sino que lo cambian.

LAS CAUSAS CONCRETAS DE LAS DESIGUALDADES SOCIALES EN SALUD: EL CASO DE LA EPIDEMIA DE GRIPE PORCINA.

Publicado en 1 el Mayo 1, 2009 por epidemiologia

INTRODUCCIÓN

Las corrientes y escuelas en el área de la epidemiología y la salud pública que, tanto dentro como fuera de nuestro país, promueven la investigación y el análisis de las desigualdades sociales en salud, pecan, desde mi punto de vista, de un exceso de holismo y análisis global que eluden las circunstancias y elementos concretos que se someten a estudio, y, por consiguiente, obvian sus causas directas y evitan señalar a sus posibles responsables. Sus propuestas de intervención son, igualmente, generales y poco empeñadas en la acción, al no atender a los aspectos más específicos y concretos de los problemas de salud que, efectivamente, sufren de forma desigual los grupos, las comunidades o los países más desfavorecidos económica y socialmente.

En esta primera reflexión de lo que está ocurriendo a raíz de la epidemia de gripe porcina en México y EE.UU, pero especialmente en la primera por su gravedad y extensión, no deberíamos caer en el análisis superficial, por insuficiente, de que México, un país pobre y con unas desfavorables condiciones económicas, sociales y sanitarias, sea el origen y sufra de forma más acuciante y letal dicha epidemia.

EL BROTE DE GRIPE A(H1N1)

Uno de los aspectos que más llama la atención de este brote de gripe porcina, ya humana, desde que se declaró a finales de Abril son las importantes lagunas en la información  que presentan y que son esenciales para analizar e indagar en sus causas. Así, en  la reconstrucción de los hechos para la investigación epidemiológica, algunas de las primeras preguntas que nos debemos hacer son:

-         ¿Cuándo y dónde aparece?

-         ¿Quién sufre el primer caso, o los primeros casos?

-         ¿Cuál ha sido el mecanismo de transmisión de estos primeros casos?

-         ¿Cómo ha continuado la transmisión desde el foco inicial?

Y a partir de estos primeros interrogantes seguimos la reconstrucción histórica de lo que ha pasado para ir entendiendo el problema, porque más de 100 muertes y muchos más infectados de un virus, en principio animal, y que además parece que no es muy virulento, “no ocurre de la noche a la mañana”.

Y en el cúmulo de información mediática y no mediática (organismos nacionales e internacionales de salud incluidos) estas preguntas esenciales no tienen respuesta y entonces es cuando uno sospecha que está pasando algo, que se ocultan datos y circunstancias, en definitiva, que no se está contando toda la verdad. Y teniendo en cuenta que lo que se oculta, o lo que no se sabe, es primordial para entender las principales causas y proponer soluciones efectivas, la cuestión es de suma gravedad.[1]

Indagando un poco más en los fuentes de información disponibles podemos encontrar un artículo publicado en la revista mejicana La Jornada[2] que notifica que en el poblado de La Gloria perteneciente a la sede de Perote (Estado de Veracruz) se produjo en los últimos meses una epidemia de enfermedades respiratorias que afectó a una parte importante de su población. Además, este hecho es informado por dicha revista mexicana en varias ocasiones, a partir de las denuncias de los habitantes del lugar y no obtiene respuesta de las autoridades sanitarias nacionales ni internacionales. Se da la circunstancia de que en esta población se encuentra, recientemente instalada, Granjas Carroll, la mayor empresa de cría de cerdos y procesamiento de productos porcinos del mundo (subsidiaria de la empresa estadounidense Smithfield Foods con filiales en Norteamérica, Europa y China) la cual niega cualquier conexión de la afección con sus instalaciones, sin aportar pruebas que confirmen la ausencia de la enfermedad, y tipo de enfermedad, en los animales .

Debido a la persistencia de los casos de enfermedad respiratoria y después de innumerables esfuerzos de la comunidad para obtener la ayuda de las autoridades, a finales de 2008 algunos funcionarios locales de salud  comenzaron a investigar y encontraron que más del 60% de la población (de unas 3.000 personas) estaban infectadas con una enfermedad respiratoria, pero no confirmaron de qué enfermedad se trataba.

gripeEl 4 de abril de 2009, el periódico mexicano La Jornada publicó un artículo sobre la lucha de la comunidad La Gloria con la foto de un niño en una manifestación sosteniendo una pancarta con un dibujo de un cerdo y la leyenda: “Peligro, Granjas Carrolls”[3].

Hasta el 27 de abril de 2009, días después que el gobierno federal mexicano anunciara oficialmente la epidemia de influenza porcina, la prensa reveló  que  el primer caso diagnosticado en el país fue el de un niño de 4 años de la comunidad de La Gloria, el 2 de abril de 2009. El secretario de Salud de México dice que la muestra que le tomaron al niño fue la única de esa comunidad que las autoridades conservaron. Se sabe también que una firma privada de evaluación de riesgos estadounidense, Veratect, había notificado a los funcionarios de la OMS en la región de los brotes de la enfermedad respiratoria en La Gloria desde principios de abril de 2009 [4]. Cuando a la muestra obtenida del niño se le hicieron las pertinentes pruebas de laboratorio, se confirmó que era influenza porcina [5].

Dada la falta de claridad con que los distintos responsables han actuado, se han producido grandes lagunas en el conocimiento de:

-         Los resultados de las pruebas a los animales de la granja,

-         Los resultados de las pruebas de los primeros afectados, excepto el niño anteriormente comentado,

-         La conexión entre los casos y la reconstrucción exacta de las relaciones familiares, laborales y escolares de los primeros casos.

Por lo que, en definitiva, este cúmulo de medias verdades, o si prefieren, de falta de información y de indagación, ha impedido demostrar fehacientemente quién o quiénes son los responsables directos e indirectos del brote y las causas minuciosas desde sus inicios y el posterior desarrollo.

Pero teniendo en cuenta los conocimientos que se tienen en la actualidad sobre la gripe humana y animal, las ausencias de determinadas informaciones y los puntos oscuros –o no conocidos- sobre la información pertinente para aclarar el brote, son precisamente los que nos señalan sus  orígenes y sus responsables. Hace años que los expertos han alertado de los peligros del aumento de criaderos industriales a gran escala en América del Norte, al crear las condiciones perfectas para el surgimiento y  dispersión de nuevas formas de influenza altamente virulentas. “Debido a que los sistemas de alimentación tienden a concentrar grandes cantidades de animales en muy poco espacio, facilitan la rápida transmisión y mezcla de los virus”, avisan los investigadores del Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos en 2006 [6]. Tres años antes, la revista estadounidense Science también advierte que la gripe porcina presenta una evolución rápida por el aumento en el tamaño de los criaderos industriales y al uso generalizado de vacunas en estos establecimientos[7]. Las condiciones insalubres y de hacinamiento de los criaderos hacen posible que con mucha facilidad el virus se recombine y desarrolle nuevas formas. Una vez que esto ocurre, el carácter centralizado de la industria garantiza que la enfermedad se disemine, ya sea por las heces, el alimento, el agua, o incluso las botas de los trabajadores [8]. Sin embargo, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos “no existe un sistema nacional de seguimiento que determine cuáles son los virus que prevalecen en la población porcina de Estados Unidos” [9] y, ni qué decir tiene, en la de México.

CONCLUSIONES

La epidemia se sigue extendiendo, las fases de alerta por pandemia de la OMS también van incrementando su número[10] y la información sigue siendo del mismo tipo: sobre el control y las medidas de prevención para la detección de los casos sospechosos y el aislamiento y tratamiento inicial. Pero mientras esto se hace, y se debe seguir haciendo, es curioso observar cómo en ésta y otras fuentes de información especializada de organismos oficiales[11] se siguen ocultando el origen real y primero, la raíz del problema,  para que las medidas de prevención sean realmente efectivas en el presente y en el futuro. La política, en este caso de los EE.UU y del gobierno de México de seguir implantando sus grandes empresas, que generan graves contaminaciones y peligros ambientales, en las zonas empobrecidas de países de la periferia, donde, además, no se controlan de forma adecuada las condiciones sanitarias de los animales y de la población, lo que supone un cóctel perfecto para que se produzcan graves problemas de salud como el actual o los conocidos problemas en relación con la gripe aviar.


[1] Silvia Ribeiro, “Epidemia de lucro”, La Jornada, 28 de abril de 2009: http://www.jornada.unam.mx/2009/04/28/?section=opinion&article=020a1pol

[2] GRAIN, “A food system that kills. Swine flu is meat industry’s latest plague”, April 2009, http://www.grain.org/articles/?id=49

[3] Andrés Timoteo, “Alerta epidemiológica en Perote por brote de males respiratorios”, La Jornada, 4 de abril de 2009.

[4] Dudley Althaus, “World’s queries have no answers”, Houston Chronicle, 27 de abril de 2009.

[5] Andrés T. Morales, “Cerco sanitario en Perote, tras la muerte en marzo de bebé por gripe porcina”, La Jornada, 28 de abril de 2009:  http://www.jornada.unam.mx/2009/04/28/?section=politica&article=012n2pol; Tracy Wilkinson y Cecilia Sánchez, “Mexico tries to focus on source of infection”, Los Angeles Times, 28 de abril de  2009.

[6] Mary J. Gilchrist, Christina Greko, David B. Wallinga, George W. Beran, David G. Riley and Peter S. Thorne, “The Potential Role of CAFOs in Infectious Disease Epidemics and Antibiotic Resistance”, Journal of Environmental Health Perspectives, 14 de noviembre de 2006.

[7] Bernice Wuethrich, “Chasing the Fickle Swine Flu”, Science, vol. 299, 2003

[8] Iniciativa de políticas pecuarias en favor de los pobres. La producción pecuaria industrial y  sus riesgos para la salud mundial. FAO, 2007. http://www.fao.org/ag/againfo/ programmes/es/pplpi/docarc/pb_hpaiindustrialrisks.html

[9] CDC, 21 de abril, 2009 / 58 (Dispatch);1-3: http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/mm58d0421a1.htm

[10] Organización Mundial de la Salud. 20 de Abril de 2009. http://www.who.int/es/

[11] CDC, 29 de abril, 2009. Influenza porcina (gripe porcina). http://www.cdc.gov/swineflu/espanol/

LA ECOLOGÍA DE MARX (2ª parte)

Publicado en 1 el Abril 7, 2009 por epidemiologia

John Bellamy Foster. La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza. Barcelona: Ediciones de Intervención Cultural/El Viejo Topo; 2000

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En el apartado del libro TEORÍA DE MARX DE LA FRACTURA METABÓLICA, John B. Foster nos señala que la crítica que hace Marx de la agricultura capitalista, así como su contribución al pensamiento ecológico, debe entenderse en el contexto de la segunda revolución agrícola[1] que tuvo lugar en su época. Tanto Marx como Engels hacían referencia a cómo esta revolución científica se asociaba con J. von Liebig y rebatían los miedos malthusianos acerca de la escasez de alimentos para una población creciente.

Foster nos documenta ampliamente sobre la influencia que Liebig tuvo en Marx y cómo tras su estudio cuidadoso éste desarrolló una crítica sistemática de la “explotación” capitalista del suelo. Así, en el tomo III de El Capital, explica de qué forma la industria y la agricultura a gran escala se combinaban para empobrecer el suelo y al trabajador, que se resume en el notable pasaje final de “La génesis de la renta capitalista del suelo”: El latifundio reduce la población agraria a un mínimo siempre decreciente y la sitúa frente a una creciente población industrial hacinada en grandes ciudades. De este modo da origen a unas condiciones que provocan una fractura irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social, (…). El resultado de esto es un desperdicio de la vitalidad del suelo, que el comercio lleva más allá de un solo país…la industria a gran escala y la agricultura a gran escala explotada industrialmente tienen el mismo efecto. Si originalmente pueden distinguirse por el hecho de que la primera deposita desechos y arruina la fuerza de trabajo, y por tanto la fuerza natural del hombre, la segunda hace lo mismo con la fuerza natural del suelo, …(Páginas 949-950. Tomo III de El Capital).

En el siguiente apartado del libro: EL ANÁLISIS QUE HACE MARX DE LA SOSTENIBILIDAD, el autor continua aportándonos citas memorables del Capital de Marx: El modo en el que determinados cultivos dependen de las fluctuaciones que se producen en los precios de mercado, y los constantes cambios en los cultivos con estas fluctuaciones de precio -todo el espíritu de la producción capitalista, que se orienta hacia los beneficios monetarios más inmediatos- está en contradicción con la agricultura, que debe preocuparse de toda la gama de condiciones permanentes de la vida que requiere la cadena de las generaciones humanas (Página 7754 del tomo I de El Capital).

Foster en su investigación minuciosa nos dice que esta idea de “la cadena de las generaciones humanas”, la había encontrado Marx a principios de la década de 1840 en Proudhon y nos señala cómo captaba la esencia misma de la actual noción de desarrollo sostenible, definida por la Comisión Brundtland[2] en 1987 en su informe para la ONU.

Marx expresa en otro punto esta misma idea esencial, “el trato consciente y racional de la tierra como propiedad comunal permanente” es “la condición inalienable para la existencia y reproducción de la cadena de las generaciones humanas”. Así, en otro pasaje verdaderamente esclarecedor de El Capital escribe Marx: Mirada desde una formación socioeconómica superior, la propiedad privada de la tierra en manos de determinados individuos parecerá tan absurda como la propiedad privada que un hombre posea de otros hombres. Ni siquiera una sociedad o nación entera, ni el conjunto de todas las sociedades que existen simultáneamente son propietarios de la tierra. Son simplemente sus posesores, sus beneficiarios, y tienen que legarla en un estado mejorado a las generaciones que les suceden, como boni patris familias [buenos padres de familia] (Página 911 del tomo I de El Capital).

En el apartado HACIA LA SOCIEDAD DE PRODUCTORES ASOCIADOS, Foster nos muestra las propuestas de Marx, y también de Engels, sobre la necesidad de trascender esta forma de alienación de la naturaleza en la que se basaba el capitalismo a través de una propuesta de sociedad futura donde se produjera una síntesis superior entre la ciudad y el campo. Dicha alienación de la naturaleza se desarrolla en las dos últimas partes del Tomo I de El Capital, donde Marx alude a leyes de la población, pero a unas leyes que difieren enormemente de la forma trashistórica (y esencialmente no evolutiva) que adoptan en la teoría de Malthus; al aumento de la polarización entre las clases de la población, la separación antagónica de ciudad y campo (que se reproduce a escala mundial al convertirse algunos países en meras fuentes de alimentos, en origen de materias primas para el desarrollo industrial del centro del sistema). Señalando que bajo el régimen artificial del capital, es la búsqueda del valor de cambio (es decir, del beneficio), en vez de la atención de las necesidades naturales, universales, auténticas, lo que constituye el objeto, el motivo, de la producción. La extrema polarización resultante entre una riqueza que no conoce límites, en uno de los polos, y una existencia alienada, explotada, degradada, que constituye la negación de todo lo más humano, en el otro, crea una contradicción que, cual línea de dislocación, recorre todo el sistema capitalista.

En el último capítulo del libro LA BASE DE NUESTRA VISIÓN EN LA HISTORIA NATURAL, Foster hace un repaso de las aportaciones que los materialistas pasados y contemporáneos de Karl Marx –desde Epicuro y el poeta Lucrecio, pasando por Darwin, Tyndall o Huxley- realizaron contribuyendo de forma decisiva al conocimiento de los fenómenos naturales y, en definitiva, al desarrollo de todas las ciencias (y no solo de la ecología).

El autor analiza minuciosamente los estudios de Tyndall[3], que nos muestra cómo Epicuro, a través de Lucrecio, había aportado la esencia de la visión científica moderna en su forma de tratar los átomos y el vacío y en su reconocimiento de que la materia no puede ser creada ni destruida. “La concepción imprecisamente grandiosa [de Epicuro] de los átomos cayendo eternamente a través del espacio, sugirió a Kant, que fue el primero en proponerla, la hipótesis nebular”. No cabe duda de que los atomistas antiguos no tenían noción alguna del magnetismo ni de la electricidad, y no tenían, por tanto, modo de entender las fuerzas moleculares con sus polos de atracción y repulsión. La base inicial para los descubrimientos de Julius R. Mayer y otros científicos del siglo XIX respecto a la conservación de la energía se estableció de acuerdo con la idea de la indestructibilidad de la materia, tan claramente anunciada por los materialistas antiguos.

Foster también hace un despliegue excepcional de la figura y contribuciones científicas de Darwin y su relación con Marx. Nos cuenta cómo Tyndall consideraba el gran logro de Darwin, el de tras haber considerado todos los detalles que supuestamente habían constituido las pruebas de los teleologistas, “rechaza [no obstante] la teleología y trata de referir todas esas maravillas a causas naturales”. Sin embargo, según Tyndall, el problema que Darwin no abordó era ¿de dónde surge la vida si no proviene de un Creador?, insistiendo en la visión de Lucrecio de que “Se ve a la Naturaleza hacer todas las cosas espontáneamente por sí misma, sin la intromisión de los dioses”.

El autor nos señala que Tyndall aunque alcanzó fama por contribuir, junto con Pasteur, a la definitiva crítica científica de la generación espontánea, insistió, no obstante, en numerosas ocasiones en que, en el profundo abismo del tiempo, la vida había surgido a partir de la materia, y que sus orígenes estaban relacionados con los del sistema solar, que debía explicarse mediante la hipótesis nebular de Kant y de Laplace. Había surgido, así pues, en un momento dado, a partir de la no vida, aunque las condiciones que hicieron posible tal surgimiento formaban parte de la historia del sistema solar y no perduraban ya. Siguiendo con su análisis de las contribuciones científicas de estos pensadores profundamente materialistas, Foster nos detalla que cuatro años antes, Huxley[4] había adoptado una postura similar (y presentaba sorprendente semejanza en líneas generales con las opiniones científicas que se mantienen hoy), en su Discurso Presidencial a la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia, donde afirmó: “Si me fuera dado mirar más allá del abismo del tiempo geológicamente registrado, al período todavía más remoto cuando la tierra estaba pasando por condiciones físicas y químicas que ya no pueden volver a ver en mayor medida de lo que un hombre puede recordar su infancia, esperaría ser testigo de la evolución del protoplasma vivo a partir de la materia no viviente”.

Dejaremos para el epílogo de este apasionante libro el nexo de unión de estos descubrimientos científicos con las contribuciones de Karl Marx a la ecología y las aportaciones de autores posteriores a él.


[1] La segunda revolución agrícola se produce, según nuestro autor, entre 1830 y 1880 y se caracterizó por el crecimiento de la industria de los fertilizantes y el desarrollo de la química del suelo asociado a la obra de Justus von Liebig. El punto de inflexión de esta segunda revolución agrícola fue el encargo que la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia hizo a Liebig, en 1837, de un trabajo sobre la aplicación de la química a la agricultura, y la publicación en 1840 del libro de éste “Química agrícola”.

[2] La Comisión Brundtland define el desarrollo sostenible como “el desarrollo que satisface a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades”.

[3] John Tyndall, físico del siglo XIX, autor de “Fragments of Science” (Nueva York, 1892).

[4] Thomas Huxley, biólogo y, autor de “Evidence as to Man’s Place in Nature” (Nueva York , 1863).

ANÁLISIS DE LA MORTALIDAD POR CAUSAS EN LA BAHÍA DE ALGECIRAS: PERIODO 2001-2005

Publicado en epidemiología y salud pública el Marzo 1, 2009 por epidemiologia

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Presentación de la comunicacion

Antecedentes/Objetivos: En la Bahía de Algeciras se ha producido una alta concentración industrial, especialmente petroquímica y eléctrica, con un alto riesgo, entre otros, de contaminación atmosférica. A esta situación se añade el denso tráfico rodado y marítimo, en torno al puerto de Algeciras y a sus numerosas empresas, que contribuye a la grave problemática ambiental que padece

Métodos: El área estudiada comprende los términos municipales de Algeciras, Los Barrios, San Roque y La Línea. Los datos de emisión e inmisión atmosféricas se han recogido del informe EPER-Andalucía y del Informe del CSIC sobre el Diagnóstico de la situación ambiental del Campo de Gibraltar. Se han calculado tasas promedios anuales de mortalidad y de Años Potenciales de Vida Perdidos de 1 a 70 años ajustadas por edad (método directo) en ambos géneros y por los más frecuentes grupos de causas. Se calculan los riesgos relativos (RR) y sus intervalos de confianza (IC) al 95% utilizando la propuesta de Miettinen y el riesgo atribuible (RA) mediante la aproximación de la distribución de Poisson a una normal

Resultados: Sobre los niveles atmosféricos en la Bahía de Algeciras, destacan los valores de emisión de PM10, SO2 y NOx de origen industrial y los valores de inmisión de SO4 2-, NO3 - y la mayoría de los metales. Los varones de la Bahía de Algeciras presentan un mayor riesgo de mortalidad estadísticamente significativa en el conjunto de causas cuando lo comparamos con los de Andalucía (RR=1,15; IC: 1,11-1,19 y RA=134,30 por 100.000 habitantes) y con el Estado español (RR=1,33; IC: 1,28-1,38 y RA=258,86 por 100.000 habitantes). Por causas destacan las enfermedades infecciosas y parasitarias, respiratorias, tumores malignos, circulatorias y mal definidas. Las mujeres también presentan un exceso de mortalidad significativo en el conjunto de causas cuando lo comparamos con Andalucía (RR=1,13; IC:1,09-1,17 y RA=68,01 por 100.000 habitantes) y con el Estado español (RR=1,34, IC: 1,29-1,39 y RA=151,23 habitantes). Por causas destacan las enfermedades respiratorias, infecciosas y parasitarias, tumores malignos y mal definidas. En ambos géneros se ha observado también una sobremortalidad prematura por las mismas causas y por enfermedades del sistema nervioso, ojo y oído

Conclusiones/Recomendaciones: Estos resultados plantean la necesidad de nuevas investigaciones específicas sobre los determinantes de este mayor riesgo de mortalidad y de actuaciones concretas y planificadas sobre uno de los posibles orígenes del problema, minimizando la concentración industrial y promoviendo un desarrollo económico sostenible para su población.

C, Cruz-Rojo; M, Almisas; DJ, López; J García; M, Moguer; L, Guillén

Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública. Universidad de Sevilla. Consejería de Educación. Distrito Sanitario Bahía de Cádiz-La Janda. Distrito Sanitario Sierra de Cádiz.

Artículo publicado en la revista Gaceta Sanitaria: Análisis epidemiológico de la mortalidad por causas en la Bahía de Algeciras (2001-2005).

http://www.doyma.es/revistas/ctl_servlet?_f=7012&articuloid=13141737&revistaid=138

LA ECOLOGÍA DE MARX

Publicado en Ecología con etiquetas el Enero 25, 2009 por epidemiologia

John Bellamy Foster. “La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza”. Barcelona: Ediciones de Intervención Cultural/El Viejo Topo; 2000.

ecologiamarx1Con los libros pasa como con las personas, raras son las veces que te topas con alguno muy especial que te entusiasma, te sorprende y subyuga. Pues eso es lo que he sentido con el libro de John Bellamy Foster, profesor de sociología de la universidad de Oregon y activista muy interesado en las cuestiones ecológicas.

Si de algo no se le puede tachar a este trabajo de Foster es de superficial: todo el texto es un compendio de erudición, rigor científico, profundidad y meticulosidad extrema. Pero eso no es lo más importante de su obra. Yo destacaría sus interesantes aportaciones y conocimientos para cualquier disciplina, sea del ámbito sanitario, social, de la biología y hasta de la tecnología. Y es que este libro, aunque trate sobre ecología, en realidad nos está mostrando el camino para aplicar con rigor, desde una perspectiva materialista (e histórica) y dialéctica, el estudio del conjunto de las ciencias que ha estado demasiado tiempo a merced de las corrientes positivistas.

John Bellamy Foster se fue dando cuenta a lo largo del tiempo de que su base materialista y filosófica para el análisis de los temas ecológicos adolecía de importantes lagunas y decidió volver a los fundamentos del materialismo, a reexaminar desde el principio la teoría social y su relación con la ecología dialécticamente, esto es, atendiéndose a su surgimiento. En este recorrido histórico descubrió que el origen del materialismo de Bacon o Marx se remontaba a la filosofía materialista antigua de Epicuro.

En la primera parte del libro, que supone un compendio de los propósitos del autor a modo de introducción, Foster comienza diciendo:

“El argumento que expone el presente libro se basa en una premisa muy sencilla: en que para entender los orígenes de la ecología es necesario comprender las nuevas visiones de la naturaleza que surgieron con el desarrollo del materialismo y de la ciencia entre los siglos XVII y XIX”

A pesar de que la discusión general se estructura en torno a la obra de Darwin y de Marx,  es sobre este último sobre el que se centra el texto, dada la importancia que el autor le da a las corrientes ecológicas revolucionarias, vinculando la transformación social con la transformación de la relación humana con la naturaleza, como formas que actualmente se consideran ecológicas.

A continuación presento algunos extractos de esta introducción del libro:

MATERIALISMO

Según Roy Bhaskar, un materialismo filosófico racional comprende:

1) Materialismo ontológico, que afirma la dependencia unilateral del ser social respecto del ser biológico (y en un sentido más general del ser físico) y el surgimiento del primero a partir del segundo.

2) Materialismo epistemológico, que afirma la existencia independiente y la actividad trasfáctica (esto es, causal y sometida a leyes) de, al menos, algunos de los objetos del pensamiento científico.

3) Materialismo práctico, que afirma el papel constitutivo de la acción transformadora humana en la reproducción y transformación de las formas sociales.

El materialismo de Marx fue práctico, pero también epistemológico y ontológico. Sin embargo, Marx en su “Tesis sobre Feuerbach”, consideraba que todas las formas anteriores del materialismo (incluido Feuerbach que buscó desarrollar una alternativa al materialismo mecanicista) y muy especialmente la de Epicuro, fue presa de un materialismo puramente contemplativo.

El libro recalca que Marx, aunque le dio al materialismo un sentido práctico, nunca abandonó su compromiso con la concepción materialista de la naturaleza  (el sentido ontológico y epistemológico), que fue esencial para el análisis marxiano.

Desde una perspectiva materialista -nos sigue diciendo Foster-, Marx adoptó un enfoque a la vez realista y relacional (dialéctico), insistiendo en la perpetua y estrecha relación entre la ciencia natural y social. Gran parte de la filosofía y la ciencia social (o de los pensadores del campo de las ciencias humanas) contemporánea (incluido algunos sectores del marxismo occidental) se han definido por su rechazo del crudo positivismo decimonónico con su visión mecanicista y reduccionista (a la que se atribuían ciertos notables éxitos en el desarrollo científico), pero al rechazar dicho mecanicismo, incluido el biologismo mecanicista de la variedad que representa el darwinismo social, también rechazaban cada vez más el realismo y el materialismo, y adoptaban el punto de vista de que el mundo social estaba construido en la totalidad de sus relaciones por la práctica humana –incluidos, en especial, aquellos aspectos de la naturaleza que afectan al mundo social-, con lo que simplemente negaban los objetos del conocimiento intransitivos (objetos del conocimiento que son naturales y que existen con independencia de los seres humanos y de las construcciones sociales)…lo que representó un giro en sentido idealista. Este biologismo, o darwinismo social extremo, es una preocupación que solo puede combatirse con eficacia mediante un materialismo crítico, no mecanicista, no reduccionista, que mantenga su vinculación con una concepción materialista de la historia, como han demostrado los naturalistas Richard Lewontin y Stephen Jay Gould.

LA ECOLOGÍA

En este apartado John Bellamy Foster nos dice que, aún cuando durante mucho tiempo  se ha denunciado la falta de preocupación ecológica por parte de Marx, está ahora suficientemente claro, tras décadas de debate, que esta visión no es acorde a la evidencia. Desde el principio la noción marxiana de la alienación del trabajo humano estaba vinculada con una comprensión de la alienación de los seres humanos respecto a la naturaleza. Era esta doble alienación la que necesitaba ser explicada.

Desde un punto de vista coherentemente materialista, sigue diciendo el autor, la cuestión no reside en el antropocentrismo en contraposición con el ecocentrismo –dualismo que, en rigor, en poco contribuye a que entendamos las condiciones reales, en continuo cambio, de la existencia humana dentro de la bioesfera-, sino que es, antes bien, una cuestión de coevolución.

La perpetuación de esta perspectiva dualista es intrínseca a gran parte de la teoría verde contemporánea, y ha conducido a veces a esa tradición a un crudo rechazo de la ciencia moderna,… En este extraño contexto idealista, en el que sólo importan los valores, desaparecen los temas histórico-materiales reales, y grandes luchas históricas e intelectuales quedan reducidas a meras frases.

Partiendo de este concepto de “dominio de la naturaleza”, Caudwell diría en “Ilusion and Reality” (1937): “…La plena comprensión de este mutua interpenetración del movimiento reflexivo de los hombres y la Naturaleza, con la mediación de las relaciones necesarias y en evolución, a las que llamamos sociedad, es el reconocimiento de la necesidad, no sólo en la Naturaleza, sino en nosotros mismos y, en consecuencia, en la sociedad. Vista objetivamente, esta relación sujeto-objeto es la ciencia; vista subjetivamente, es el arte. Pero, en cuanto conciencia que surge en activa unión con la práctica, es, sencillamente, vida concreta: todo el proceso de trabajar, sentir, pensar, actuar como individuo humano en un mundo de individuos y Naturaleza.”

Un análisis ecológico exhaustivo requiere un punto de vista que sea a la vez materialista y dialéctico. A diferencia de una visión espiritualista, vitalista, del mundo natural, que tienda a ver éste conforme a alguna finalidad teleológica, un naturalista ve la evolución como un proceso natural abierto, gobernado por la contingencia, pero susceptible de explicación racional. La vida (los organismos) y el mundo físico no existen en compartimentos estancos sino en una “unidad extraordinaria entre los organismos y el medio” donde los organismos en general no se limitan a adaptarse a su medio; también lo afectan de diversas maneras y, al afectarlo, lo cambian. La relación es en consecuencia recíproca. Y en este todo dialéctico, se encuentran los diferentes niveles de existencia donde no existe una finalidad general que guíe a las comunidades vivas.

Tal como Richard Levins y Richard Lewontin dicen en The Dialectical Biologist:“La ecología tiene que abordar los problemas de la interdependencia y la autonomía relativa, de la semejanza y la diferencia, de lo general y lo particular, del azar y la necesidad, del equilibrio y el cambio, de la continuidad y discontinuidad, y de los procesos contradictorios. Tiene que tener una conciencia cada vez mayor de su propia filosofía, y de que esa filosofía sólo será eficaz en la medida en que llegue a ser no sólo materialista, sino también dialéctica”.

LA CRISIS DE LA SOCIO-ECOLOGÍA

La intención de este libro, dice Foster, no es la de “enverdecer a Marx” con el fin de que resulte “ecológicamente correcto” sino la de destacar las debilidades que aquejan a la teoría verde contemporánea, tratando de trascender el idealismo, el espiritualismo y el dualismo de gran parte del pensamiento verde contemporáneo, mediante una recuperación de una crítica más profunda de la alienación de la humanidad respecto a la naturaleza, que ocupaba un aspecto importante en la obra de Marx (y en la de Darwin).

Las ideas ecológicas de Marx se defienden en este libro mostrando, y demostrando, cómo éste se ocupó de forma sistemática con la revolución  científica del siglo XVII y el medio ambiente del siglo XIX, analizando la alienación humana respecto a la naturaleza, su interés respecto a la subsistencia humana y a la relación con el suelo, así como por toda la problemática de la agricultura capitalista. También fue fundamental con su línea de pensamiento su interés relativo a la división antagónica entre la ciudad y el campo y en su obra posterior abordó los problemas de la prehistoria y de las formas comunales arcaicas que se estudiaban en la literatura etnológica de la última década de su vida.

En definitiva, el libro refuerza la opinión de que la obra de Marx no puede entenderse plenamente sin una comprensión de su concepción materialista de la naturaleza y la relación con la concepción materialista de la historia.

Hay que defender la universidad pública y de calidad: ¡No a Bolonia!

Publicado en Miscelánea el Noviembre 23, 2008 por epidemiologia

¡NO A BOLONIA!

¡NO A LA PRIVATIZACIÓN DE LA UNIVERSIDAD!

¡NO A LAS EMPRESAS DENTRO DE LA EDUCACIÓN!

Este es un blog, más que personal, dedicado preferentemente a mi disciplina. Aquella que elegí muy joven cuando terminé mi carrera de medicina y era una licenciada desorientada que se tropezó casi sin querer con los estudios de cólera de John Snow y con la bioestadística. Aquella que, desde entonces, ha guiado mi trayectoria profesional y me ha reportado grandes satisfacciones personales producto de mi amor y pasión por ella: la Epidemiología y la Salud Pública.

Y ahora ¿por qué el tema de este nuevo escrito? Podría decir, y lo digo, porque me mueven motivos de coherencia ideológica, o, dicho de otra forma, de coherencia científica y humanista. Porque deseo una universidad pública -de verdad-, y de calidad que promueva el aprendizaje de conocimientos, destrezas y actitudes de todas las personas que integran la comunidad universitaria: alumnado, personal de administración y servicios y profesorado. Una universidad al servicio de todos y de todas, integradora del conocimiento de las distintas disciplinas, las que “dan dinero a las grandes empresas” y las que “no dan dinero a las grandes empresas”. Una universidad donde el conocimiento y el aprendizaje de su comunidad se orienten a impulsar una sociedad más igualitaria, más sostenible y local.

Si promuevo una Salud para todos, pública –de verdad-, y de calidad, que se oriente no solo a restaurar la salud y evitar la enfermedad, sino a mejorar las condiciones de vida –que sería lo mismo que decir la buena salud- promoviendo la equidad (dando más a los que tienen menos y viceversa)… ¡Cómo no voy a querer una educación de esas mismas características!

Pero, ¿qué significa “Bolonia”, por qué muchos y muchas decimos ¡NO A BOLONIA!? ¿Qué significa exactamente nuestra incorporación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) más allá de posibles cambios metodológicos? Esta vez, mejor que hablen otros compañeros por mí:

- Profesores: Artículos de Isidoro Moreno y Jose Luis Pardo

- Comunidad universitaria: Plataforma Universidad por el Conocimiento

- Estudiantes: Integrados en los Grupos de trabajo No a Bolonia. Artículo escrito por uno de ellos.

Vídeo de la última movilización en Sevilla el 13 de noviembre:

CAUSAS DE LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

Publicado en Causalidad el Octubre 9, 2008 por epidemiologia

En el estudio de un problema de salud se debe indagar el conjunto de causas internas y externas que lo producen y actuar a todos los niveles en base al conocimiento científico del que disponemos. Un buen ejemplo podrían ser las enfermedades cardiovasculares, que suponen la primera causa de morbilidad y mortalidad en los países industrializados. No pretendo ser exhaustiva en el análisis de los diferentes grupos de factores que configuran la producción de este conjunto de patologías. Pero sí me gustaría mostrar la complejidad e interrelación a distintos niveles, desde los más amplios a los más pequeños o microscópicos, del proceso de la ateroesclerosis, o formación de la placa de ateroma, que se suele encontrar en la base de estas enfermedades.

Los autores coinciden en afirmar que un hecho esencial, aunque no siempre el único, en la producción de la placa de ateroma es el alto consumo de grasas saturadas (colesterol y triglicéridos) que sería la causa externa más inmediata a la biología humana, y por tanto, a las primeras causas internas que de forma concatenada conducirán a la alteración patológica. Este aumento de la ingestión de los lípidos es absorbido por el intestino delgado para ser transportado a través de los quilomicrones hasta el hígado (en el caso del colesterol) o a las células musculares y adipocitos (en el caso de los triglicéridos) como se puede apreciar en la figura.

Figura 1: Transporte exógeno y endógeno de las grasas saturadas desde su ingestión hasta la formación de la placa de ateroma en las paredes arteriales. Elaboración propia.

CAUSAS INTERNAS

En esta primera fase del transporte de los lípidos, o transporte exógeno, pueden producirse las primeras alteraciones, bien en el transporte, bien en la metabolización, o bien en ambos, resultando un remanente de quilomicrones. Este remanente es altamente aterogénico, porque origina un alto nivel de colesterol sérico y de triglicéridos. El exceso de colesterol en presencia de disfunción endotelial serían causas suficientes para producir las primeras lesiones ateroscleróticas.

El transporte endógeno continúa el paso de los lípidos en el organismo, desde el hígado a los tejidos periféricos mediante las lipoproteínas de baja y muy baja densidad (LDL y VLDL). Mientras que las lipoproteínas de alta densidad (HDL) son las encargadas de que el colesterol en exceso sea retornado al hígado. En esta fase del proceso, el exceso de consumo de grasas saturadas producirá un aumento en sangre de las lipoproteínas LDL y VLDL transportadoras del colesterol, que facilitará la formación de la placa de ateroma. Sin embargo, es necesario también que se produzcan alteraciones cualitativas (oxidación) de estas lipoproteínas para la producción de la lesión ateroesclerótica. Por el contrario, el aumento de la HDL-colesterol tiene un efecto protector porque favorece el retorno, almacenamiento y metabolización del posible exceso de colesterol e inhiben la oxidación de las lipoproteínas.

Además, el aumento de los niveles de triglicéridos en sangre, durante su transporte exógeno y endógeno, produce una alteración de las lipoproteínas LDL y HDL y tiene una acción favorecedora de la coagulación de la sangre, antifibrinolítica e injuriante endotelial, que los hacen muy ateroescleróticos.

Por tanto, en la formación de la placa de ateroma intervienen una constelación de causas internas, tanto favorecedoras como protectoras, que confluyen entre ellas como se puede apreciar en la figura, y que producirá en mayor o menor medida, según la vulnerabilidad biológica, las diferentes manifestaciones clínicas: angina e infarto de miocardio si se afectan las arterias coronarias, o accidentes cerebrovasculares si se afectan las arterias cerebrales, por citar las más frecuentes enfermedades cardiovasculares.

CAUSAS EXTERNAS

En el ejemplo he considerado una de las más importantes, pero no la única, causa externa de las enfermedades cardiovasculares. Decía al principio que dicha causa externa, el alto consumo de grasas saturadas en la alimentación, es la más cercana al individuo. Pero, ¿cuáles son las causas que producen ese exceso de ingestión?

Muchos de nosotros coincidirán en contestar que uno de los factores o condicionantes en el aumento de dicho consumo en nuestras sociedades más ricas es la mayor oferta y accesibilidad (precios, disponibilidad…) de alimentos con alto contenido proteico, calórico y de grasas saturadas. Paralelamente a este hecho hay que destacar los cambios sociales que se han producido en los países industrializados en las últimas décadas: gran concentración de la población en las ciudades, aumento del ritmo de la vida por las grandes distancias desde las llamadas “ciudades dormitorios” hasta los centros de trabajo (entre otros motivos), la mayor incorporación de la mujer al trabajo, la desestructuración familiar, etc., que han tenido consecuencias sobre los comportamientos alimentarios. Éstos se caracterizan por el consumo de comidas de elaboración rápida, precocinadas y en muchas ocasiones fuera de casa, cuyos alimentos tienen una alta proporción de proteínas animales, grasas saturadas y azúcares refinados, unido todo ello a un exceso de calorías (figura 2).

En el origen de este aumento de la oferta y accesibilidad alimentarias se encuentra un sistema de producción intensiva de alimentos de origen animal, que ocasiona un abaratamiento del producto final y un aumento importante de las ganancias. Al igual que en otros tipos de industrias, la producción intensiva ganadera y avícola, se caracteriza por una gran producción de alimentos (leches y carnes, así como una enorme cantidad de derivados) en un corto periodo de tiempo.

Pero las grandes explotaciones ganaderas y avícolas tienen una serie de consecuencias colaterales, indeseables, que deben ser tenidas en cuenta a la hora de plantear los cambios y las intervenciones. En primer lugar, se deben destacar las implicaciones éticas que suponen las condiciones de hacinamiento de los animales, siendo habitual la propagación de infecciones y otras enfermedades que requieren un exhaustivo control sanitario y la administración de tratamientos antibióticos y vacunales. A esto se añade la alimentación en muchas ocasiones de baja calidad que ha producido nuevas epidemias en humanos. Tenemos reciente el caso de la alimentación de vacas, en Inglaterra, con piensos obtenidos de despojos de ovejas enfermas de scrapie. Así, hubo un salto de especie, de la oveja (scrapie) a la vaca (encefalopatía espongiforme bovina) y de ésta al humano (encefalopatía espongiforme humana o variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob).

Figura 2: Esquema de las causas externas que intervienen en la mayor ingesta de grasas saturadas en los países industrializados. Elaboración propia.

Las grandes explotaciones ganaderas son una de las principales fuentes de contaminación atmosférica y de suelos y aguas subterráneas, y origina la importación (habitualmente de países del tercer mundo) de grandes cantidades de cereales a muy bajo coste para la alimentación del ganado que suponen en la actualidad más de un tercio de la producción mundial de cereales. Esto, a su vez, está causando en países de América del Sur la tala de bosques para convertir ingentes hectáreas de terreno en cultivos de cereales (como ha sido denunciado reiteradamente).

También podemos analizar y reflexionar sobre las implicaciones socioeconómicas, y por supuesto éticas, que en nuestro mundo global están produciendo un desequilibrio alimentario entre el Norte y el Sur caracterizado por una alimentación en exceso de productos más elaborados y con alta proporción de alimentos de origen animal en “los países ricos del norte” y un déficit alimentario en cantidad y calidad “en los países empobrecidos del sur”, que coincide con una nueva tendencia al monocultivo en estos países para exportar alimentos básicos y baratos a los países del norte (como el ejemplo ya comentado de la alimentación del ganado), que aumenta la dependencia de los primeros sobre los segundos.

Terminamos este análisis de las causas externas de la alta morbilidad y mortalidad por enfermedades cardiovasculares de los países más “desarrollados” con la que consideramos la primera de sus causas externas: los cambios económicos en estos países debido a la industrialización cada vez más intensa y global –en el sentido de que casi todos los países del mundo se ven afectados- basada en una explotación intensiva de los recursos y una alta producción de bienes y servicios que incita al consumo exagerado y que está produciendo graves desequilibrios ambientales y desigualdades económicas y sociales a nivel mundial.

BIBLIOGRAFÍA

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Cervera P, Clapés J, Rigolfa R. Alimentación y dietoterapia. Madrid: McGraw&Hill, Interamericana, 2004.

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Ross R. Atherosclerosis-An Inflammatory Disease. N Engl J Med. 1999;340:115-126.

Inteligencia y talento & Capacidad

Publicado en Miscelánea el Agosto 24, 2008 por epidemiologia

Muy a menudo escucho a compañeros y conocidos que me comentan sobre la inteligencia, talentos y valías de las personas que conocen…pero continuamente constato la ausencia de dichas cualidades en las personas que escucho, en las que leo, a las que observo. Lo cual me lleva a extrañarme de dicha ausencia ya que considero al ser humano por naturaleza rico en talentos y valías de todo tipo, que cada persona tiene en sí misma un potencial increíblemente rico de dichas cualidades (ya, ya, y de otras muchas miserias, pensarán muchos, pero no es el tema que trato).

¿Cuál es entonces el problema?, partiendo de la base de que una gran mayoría de personas nacen con unas deficiencias económicas y de subsistencias tales que sus esfuerzos los dedican a sobrevivir –lo cual no es poco-, nos quedaremos en nuestro análisis con esa minoría que hemos tenido el privilegio de nacer “con el pan debajo del brazo”, y también aquí existen grados por las diferencias de circunstancias favorables y desfavorables para su desarrollo. Pues bien, centrándome en ese pequeño porcentaje ¿qué hace que sus inteligencias, talentos y valías brillen por su ausencia en la actualidad?

Creo que en nuestras sociedades “ricas y de consumo” actuales, no son valores muy reconocidos el esfuerzo, el trabajo, el estudio o la disciplina; pero dichos valores son esenciales para desarrollar la inteligencia creativa –práctica- , tanto en el aspecto intelectual como en el manual o artístico. Curiosamente se habla mucho de talentos y poco de capacidades –se idealizan las primeras y se menosprecian las últimas-, pero ¿qué es la inteligencia, el talento o la valía?, nada sin un quehacer, un producir, sin un desarrollo continuo teoría-práctica. La inteligencia del hombre se desarrolló en la práctica, en la acción –y transformación- con la naturaleza y en la interacción con sus compañeros de fatigas para alcanzar sus objetivos de supervivencia, cuya creatividad de ideas y hechos se plasmaban para conseguirlos. La inteligencia o el talento no es nada, es una abstracción de posibilidades que deben implementarse en la acción y experiencia; sin acción y experiencia el Hombre nunca habría desarrollado su intelecto y hacer progresar a su especie. Por eso los grandes hombres y mujeres que han brillado por su inteligencia y valía (muchos más y muchísimas mas de los que nos cuenta la Historia), eran hombres y mujeres luchadores, trabajadores, estudiosos, que arriesgaban en las ideas y en las praxis…porque las posibilidades o los potenciales son solo eso.., pero las acciones, las creaciones y las experiencias se conservan como un bagaje para la posteridad.